Martes, 24 de marzo de 2015

Y fue a imagen y semejanza de sí mismo

NOTA: Arriba dispones del audio, tanto de la narración que hicimos en directo desde Villamarta, como del Pregón exento, sin comentarios

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Caballo ganador. Así fue definida por muchos desde el primer día de su elección como bipregonero de la Semana Santa de Jerez, la figura de Antonio Moure Sánchez. Un caballo que tenía claro destino en la meta del triunfo, y al que sólo le faltaba echarse a correr para ganar, como si eso fuera tan fácil, cuando uno se lanza a torear a esa Real Maestranza de las Letras, que es el Teatro Villamarta, el que edificaron allá por 1925, para callarle la boca al rey que osó decir que era una vergüenza, que Jerez no tuviese un recinto como este.

Pero ocurrió que Moure aceptó el reto propuesto por Pedro Pérez, un reto que supo solventar con aparente poca dificultad, ya que en todo momento dio la impresión de querer estar contando lo que quería, y eso es algo que debe convertirse, habitualmente, en lo mínimo exigible a quien se sube al atril con el que sueñan tantos y tantos cofrades. Luego, lo dicho por el Pregonero nos gustará o no. Eso es harina de otro costal.

Si hacemos un somero desarrollo cronológico de lo vivido en el teatro, cabe decir que todo comenzó con los cinco minutos habituales de retraso, y con protesta silenciosa y pacífica de la Banda Municipal de Música de Jerez, por su situación actual de impago; después, la marcha 'Nuestra Señora de los Dolores', a la que siguió la marcha 'Cristo del Desamparo y Abandono', y luego, la presentación de Manolo Moure, hermano del Pregonero, quien optó por contarnos una visión familiar de Antonio más que otra cosa, acertando de pleno en su planteamiento. Fue como un artículo de los suyos en Diario de Jerez, lo que hizo amena, entrañable, y a ratos hasta divertida esta presentación. Bien. Muy bien.

Luego, 'Soleá dame la mano', y al lío, como diría aquel. Y un lío fue lo que Moure formó desde el minuto uno, porque quiso comenzar en los medios del escenario, leyendo su primer romance, dedicado a homenajear la propia historia del Pregón, lo que provocó gran ovación, y teatro en pie.. ya que el mensaje iniciático tuvo además un añadido de auto reivindicación de su presencia por segunda vez como Pregonero, pero primera en este enclave. Quizás algo exagerada y desmedida  esta reacción del público, y es que si uno se exalta tanto a las primeras de cambio, resulta luego paradójico, que durante las dos horas siguientes, no deje de toser, de mirar el movil, o de ir y venir al servicio. Pero en fin. El público paga, y dicen que es soberano..

Ajeno a todo esto, Moure siguió a lo suyo, aún fresco de voz y cuerpo, y absolutamente inmerso en el 'subidón' provocado por esta porta gayola. Tanto, que usando una poca vergüenza como no se recordaba por Villamarta, realizó un canto a la Rotonda de los Casinos, digna del mejor Antonio Gallardo, su maestro y mentor. De arte, pero de arte de verdad, como de arte fue a continuación el canto a las cofradías nuevas, centrando el remate de este capítulo en la Hermandad del Soberano Poder, absolutamente extraordinario, antes de pasar a bromear sobre los nombres de las calles por las que transitan estas nuevas corporaciones. Ahí apareció el Moure de toda la vida, ese que quizás ustedes no conocen, ese que no se prodigó mucho en este Pregón, seguramente, por falta de tiempo. "¿Quién le pone los nombres a las calles, alcaldesa?" ¡Genial!

Y a partir de entonces, el Pregonero decidió dejar de torear de capote, y tras las puyas y banderillas -que de todo hubo- tomó la muleta con la izquierda, para dedicarse a torear al natural, con esa finura y majestad que se esperaba desde el pasado mes de octubre. Y ahí empezó el Pregón de verdad. El que ya no buscaba efectismos ni aplausos fáciles. El que lo mismo se rendía al candor de la Virgen de la Estrella, que confesaba su amor por el barrio de San Mateo, y por Picadueñas. El que apoyado con acierto, en leves piezas musicales a base de oboe, piano y clarinete, nos regalaba sendas intimidades ante la Virgen de las Angustias, y la Esperanza de la Yedra. El que llegó a hablar de los cofrades del "amor a contramano", pidiendo a la Iglesia, en voz alta, otro trato para quien no sigue las reglas amorosas de la ortodoxia.

Ese fue el Pregón que Moure nos propuso esta vez. Un Pregón menos airoso que el de hace 17 años, pero mucho más maduro, y con más fondo. Ahí es donde nace la duda. ¿Es este el Pregón que se quiere? No encontrarán a nadie que les diga que no le gustó, pero, ¿es este el Moure que todos esperaban, serio, templado, lento.. y profundo?

Sea cual sea la repuesta a esa pregunta, y sin pararnos a pensar en cómo se lo pasó la gente que llenaba el coliseo de las artes, lo cierto y verdad es que a base de muletazos a veces sueltos, y a veces más ligados, Antonio Moure nos regaló una serie de perlas de alta categoría, como la que dedicó a la Soledad, homenajeando al Tío Antonio, al Prendimiento, al Cristo, o a la Amargura, antes de llegar al momento mas duro de su intervención, cuando lloró amargamente, sin ningún disimulo, por no haber podido salir de nazareno el año pasado, pieza a la que siguió un canto a su madre, Carmen, de lejos, lo más y mejor aplaudido de toda la tarde. Ahora no hubo 'óles' ni gente en pie. Sólo una ovación de esas que no se olvidan nunca, y que lejos de apagarse, parecía que iba a durar toda la vida. Fue lo mejor del Pregón, sin duda alguna.

Y al final, tres detalles: la repetición de su famoso poema de las 'Rosquillas', que eso sí, algunos hubiésemos querido que recitara de memoria y en el escenario, un canto a la Virgen de la Piedad, de los más bonitos que se recuerdan a la dolorosa de la Real Capilla del Calvario, y un cierre a todo, acompañado por la banda sonora de 'Cinema Paradiso', en el que repitió el comienzo de su Pregón de 1998, haciéndose un homenaje a sí mismo. Pues claro que sí. ¿Por qué no, caramba, si además se trataba de un magnífico romance?

Así terminó todo. Así volvió el teatro a ponerse en pie, dedicando otra eterna ovación a un bipregonero, que llegó, vio, y triunfó, siendo, a tenor de lo que dicen los veteranos, el único Pregonero repetidor que lo ha logrado, ya que ni Paco Almagro ni Paco Montero, consiguieron en su día, mejorar con su segundo Pregón, lo logrado con su primero.

¿Creen ustedes que Moure lo consiguió?