El autobús de los ídolos

Domingo, 12 de mayo de 2019   -    José María Aguilar

El autobús de los ídolos

Jorge Valdano, ex entrenador y jugador del Real Madrid entre otros y campeón del Mundo con Argentina, es un gran contador de anécdotas de fútbol. Una de las más famosas es la que hace referencia a un tedioso entrenamiento que en su época de futbolista estaba sufriendo y que se alargaba por más de dos horas. La apatía se fue haciendo cada vez más colectiva y todos se dirigieron al entrenador quejándose por la duración y el aburrimiento de la sesión. El técnico dio por concluido el entrenamiento y todos se recogieron ya en el hotel.      

A las 5 de mañana el míster despertó a todo el equipo. Cuando éstos empezaron a ir hacia el salón del desayuno, el entrenador les corrigió y los mandó al autobús. Se vislumbraba una mañana de ejercicios de castigo por la rebeldía de la jornada anterior. Era de noche todavía cuando el autobús partió y paró a escasos 400 metros del hotel, frente a una boca de metro. A esa hora de la mañana había mucha gente que entraba y salía. Gente normal, como tú que estás leyendo o como yo. Gente normal con ropa normal, con el "canasto" de la comida. Gente yendo a trabajar, subiendo y bajando escaleras. Valdano cuenta que el entrenador los tuvo mirando por la ventana durante una hora sin que esas personas, que se predisponían a empezar su jornada laboral, se percataran que estaban siendo observados por los que posiblemente podrían ser sus ídolos. Había funerales con más vida que en el silencio de las miradas de los jugadores, auténticos privilegiados de profesión. Cuando al entrenador le pareció oportuno se levantó de su asiento y les habló: "Esta gente sale de casa a la mañana cuando sus hijos están durmiendo y vuelven a sus casas a la noche cuando sus hijos vuelven a estar durmiendo. No me vuelvan a decir que el entrenamiento es largo".
     

No estoy nada contento con el papel que están haciendo algunos de los jugadores más veteranos y que mayores expectativas han generado por su trayectoria entre los aficionados tras firmar por el Xerez Deportivo. No es sólo una cuestión de rendimiento deportivo, que en no pocas ocasiones rozó lo esperpéntico, sino por una falta de empatía con la grada que no merece ni comparto. La afición xerecista les ha dado a estos futbolistas los carnets más caros de la categoría; el mayor número de kilómetros recorridos; una cantera de futuro en la que poder seguir ligado al fútbol más allá del fin de sus botas; una repercusión mediática muy superior a la que hay en la categoría; entrenadores de reconocido recorrido; un campo de césped donde entrenar y un estadio de Primera donde jugar; una directiva con ilusiones de socios y sin la mezquindad de quien los ve como un negocio. Pero sobre todo, yasí lo entendieron gente como Romerito, Dani Pendín o Guille, la posibilidad irrepetible para algunos de acabar su carrera deportiva siendo historia de esta ciudad. De su ciudad.
     

Jorge Valdano en su anécdota cuenta que el silencio se hizo dueño del autobús cuando les devolvió al hotel. Y eso será lo que les quede a alguno que otro cuando acabe de darse sus paseítos por el Estadio Chapín: Silencio. Porque quien no entienda que los que renovamos en plástico nuestras ilusiones año tras año, que animamos con fe pero sin descanso, que empujamos las alas de nuestros jugadores y compartimos con ellos las victorias en las batallas que la guerra que el destino del fútbol nos ha declarado,... es que aún no ha entendido nada. Porque si para mantener el orgullo y sentimiento xerecista hemos tenido incluso que ponernos un escudo distinto del que teníamos cuando nacimos, que nadie dude que para nosotros será pan comido regalarle nuestra espalda la temporada que viene a quien no merezca seguir montado en el autobús de los ídolos.

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