Mi radio y yo

Miércoles, 13 de febrero de 2019   -    Andrés Cañadas Salguero

Mi radio y yo

Soy de la generación de los setenta, aquella que se crió al abrigo de las radios en casa siempre encendidas, cuando la televisión era solo cosa de un rato, y absolutamente todo se filtraba en los tamices de lo oído y sentido a través de aquellos transistores, la mayoría de ellos, de pilas. 

Con la radio comencé a escuchar música, a vibrar con las retransmisiones de los partidos de fútbol, a descubrir la historia de una España que salía lentamente de los años blanquinegros, y a respirar la pureza infinita de los oyentes que llamaban a todas horas, queriendo dedicar canciones a quienes -aparentemente- escuchaban también aquellas mismas sintonías que yo. 

Con la radio crecí hasta conseguir hacerla cada vez más mía, llegando a convertirse un buen día en mi modo de estar en este mundo, y así para siempre. Y en esas estábamos, cuando en este avanzar constante de los años, Internet quiso hacerse también compañero de este viaje en el que solo andábamos dos, y así fue que desde entonces, los tres caminamos cogidos de la mano. 

De esta forma, siendo padrino de este evento el grupo MasJerez, y madrina, Cofrademanía, primero lo hicimos para sumergirnos en ese mar eterno que forman los sonidos de la Semana Santa, y luego, queriendo ir más allá, nos lanzamos a la aventura de contar el Rocío en ‘streaming’, consiguiendo en esta mágica triple unión, hitos radiofónico hasta entonces quizás impensables para la radio convencional. 

Cierto es, que con el avance inexorable de la imagen, tan a la mano hoy día a través de las tecnologías al alcance de todos, la fe en la radio ha perdido creyentes. Pero como ya ocurrió otras veces, quizás se trate de nuevo de una crisis pasajera, que al final recuperará a los que se fueron, sobre todo a quienes -¡Ay Señor!- dejaron de patrocinar este invento inigualable y lleno de vida, el único capaz de erizar el vello, provocar temores, y generar una corriente inmensa de sensaciones. 

Y es que por mucho que el dicho popular siga empeñado en esa falacia que categoriza que "una imagen vale más que mil palabras", yo les aseguro a ustedes que un buen sonido radiofónico, vale más que mil imágenes. Y eso solo lo consigue ella. Así que ahora y siempre... 

¡Larga vida a la radio!

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