''No le partamos el carrizo a la zambomba antes de tiempo''

Sábado, 10 de noviembre de 2018   -    David Montes

''No le partamos el carrizo a la zambomba antes de tiempo''

Vaya polvareda que se ha levantado respecto a la zambomba ‘made in Jerez’ estos días. Sí. ¿No la han leído? Que si las ‘zambombas piratas’ por un lado, que si las que no respetan ‘el mes de los muertos’ por otro y, por último, por si ya faltaba alguien para rematar el cuadro, aparecen los adalides de esta fiesta que ahora son maestros zambomberos y que ni siquiera saben que en las últimas décadas del siglo pasado por poco hasta casi desaparece.  

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De sobra saben ustedes que en Flamencomanía somos poco dados a artículos de opinión o editoriales de este tipo, pero como ahora parece ser que la zambomba es la panacea de la Navidad y que, claro, tiene que estar conforme a unas normativas, bandos y ordenanzas municipales que, sabrá Dios quien las ha hecho y dicen unas cosas y por qué no otras, pues cada uno está arrimando la ascua a su sardina según le conviente siempre buscando más el beneficio propio que el bien común. Y queremos dejaros aquí algunas reflexiones.  

Para aquellos que poco menos que tratan como un ultraje el hecho de que haya zambombas ‘fuera de fecha’, simplemente decirles que una zambomba históricamente no es una fiesta sólo de Navidad o de diciembre sino que sus inicios pueden fijarse en las coplas populares que conformaban los cantares de pasatiempo post jornada laboral, sobre todo en las faenas del campo, por lo que seguramente en muchos más meses que el de diciembre, en muchas gañanías de antaño, habría zambombas después de vendimiar, recoger el algodón, los cereales, el trigo o lo que el campo diera en ese momento.  

Estas reuniones familiares, de labor, de amigos o de lo que ustedes quieran le cogieron prestada para su denominación el nombre del instrumento que se usaba para marca el compás, en este caso, ronco, grave y sordo que se producía al frotar con las manos mojadas un carrizo de caña engarzado a una tela que cubría una tinaja de aceite o de aceitunas que había en los lugares de almacenaje de cosechas y pernocta de trabajadores. Lo que viene siendo una zambomba, vamos.

Además, aparte de la ‘zambomba’, había más instrumentos que se usaban para marcar los tiempos y el compás y que también son aperos de labranza u otros útiles de almacenaje de alimentos. Alpargatas, cántaros, cascabeles, cucharas, botellas y todo lo que sirviera para ‘hacer ruido’ son un claro ejemplo de ello. Así que, ni la zambomba es originaria sólo de diciembre y la forma de celebración no es, como pueden leer, exactamente a como se hace ahora, si bien no todo lo que hay en la calle es una zambomba tradicional. Todo hay que decirlo.

Por otro lado, y cuanto a la temática de los villancicos – cantes de los villanos, es decir, cánticos de los moradores de las villas (pueblos)- sólo hay que coger un libreto de lo que pueden encontrar en la actualidad para ver la picaresca y el humor soterrado y crítico de algunas de sus letras. Antes no había la libertad de ahora y ahora desgraciadamente no tenemos ni la altura literaria de composición ni la valentía de antes. Que más quisiéramos.

A todo lo anterior actualmente tenemos que sumarle que el devenir del tiempo y la mejora de la calidad de vida ha sido uno de los factores, que no el único, para que estas fiestas familiares o de reunión se fueran desplazando del mundo rural al urbano y así iremos entendiendo que ni lo de antes era tan malo ni lo de ahora es exclusivo y tan bueno. Por si quieren más datos, el pasado año teníamos la oportunidad de entrevistar en nuestro programa de televisión a Julio de Vega, uno de los instructores del expediente presentado para declarar como Bien de Interés Cultural a esta celebración tanto en Jerez como en Arcos – que parece que se nos olvida siempre- y nos daba muchas connotaciones de los motivos que llevaron a la Junta de Andalucía a conceder esta distinción. Búsquenla en nuestro canal YouTuBe y se llevarán una grata sorpresa.  

Además, no estaría de más recordarles a muchos discordantes – sobre todo en las redes sociales- que las zambombas en los años 70, 80 y parte de los 90 del siglo pasado estaban casi extintas y que si no llega a ser por  algunas entidades asociativas flamencas, cofrades y futboleras de la ciudad – la Peña Colchonera- y el trabajo de investigación de la colección Así Canta Nuestra Tierra en Navidad realizado por Juan Pedro Aladro y Manuel Fernández ‘Parrilla de Jerez’, esta fiesta hoy directamente no existiría y mucho menos tal cual la conocemos.

Por cierto, esa colección no podía tener mejor puesto el título. Nuestra Tierra. Si. Sin circunscribirla a ningún lugar en concreto ya que muchas composiciones que la integran ni son oriundas ni son originarias de Jerez sino de muchos lugares de nuestra geografía y, en más de una y más de dos ocasiones, confesó el propio Parrilla de Jerez que la música hubo que realizarla nueva porque no se conservaba documento alguno, ni escrito ni sonoro para poder ejecutarla y sólo tenían el texto.  

Por ello, y por todo lo anterior, quienes son defensores a ultranza de lo antiguo y lo añejo, que no se rasguen las vestiduras tan pronto no vaya a ser que nos quedemos sin ropa y empecemos a pasar frío, que el invierno está siendo duro y lo mismo no encontramos un portalito oscuro, aunque esté llenito de telarañas, donde un buey y una mula nos hagan entrar en calor.  Y, por otro lado, aquellos que pretenden hacer de cualquier cosa una 'zambomba', simplemente decirles que aunque esta haya sufrido cambios a lo largo del tiempo, aún conserva unos mínimos exigibles y que un micro y dos altavoces no son su mejor aliado en esta batalla.

A falta todavía de 20 días para llegue diciembre, ese mes en el que todo el mundo tiene el corazón algo más tierno, en la cancela del portal del Jerezalén no tenemos precisamente a Herodes de enemigo en estos debates, sino que lo tenemos en la puerta de al lado y, encima, como hoy en día en las redes sociales lo que se dice va a misa y como mi verdad no hay ninguna, hasta vamos a tener que terminar dándole de comer a este tipo de sin razonamientos que no le hacen ningún bien a una fiesta tan familiar como entrañable, a pesar de la mercantilización a la que se está viendo sometida en los últimos tiempos. Lo mismo la solución está en echarle algo más de miel a esos dulces de sartén que tanta hambre han quitado y sigue quitando y tomarse una copita de anís por la mañana al levantarse para ver la vida de otro color.

Dejemos a la zambomba tranquila, que vamos a terminar partiéndole el carrizo antes y ni siquera vamos a ser capaces de hacerla sonar por primera vez estas navidades.

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