¡Va por ti, Javier!

31/07/18 Flamencomanía David Montes

¡Qué pena de ciudad! ¡Qué verdad llevaba mi amigo José María Castaño cuando me dijo que Jerez es más madrastra que madre con sus hijos! Una vez más, y ya van no se cuantas, esta tierra vuelve a olvidarse de uno de sus hijos más ilustres. El toque flamenco, sin él no sería posible, porque gracias a su buen hacer y sus enseñanzas, gracias a Javier Molina Cundí, podemos decir que hoy en día el toque de guitarra flamenco y de Jerez es de los más importantes del panorama musical jondo actual.

Y fíjense ustedes que pena, que si no llega a ser porque tanto Santiago Lara como Mario González hubiesen dedicado a su figura el concurso de guitarra que han realizado dentro del primer Festival Internacional de Guitarra Flamenca 'Jerez 2018' – que el ayuntamiento y su unidad de flamenco de la delegación de cultura quisieron vender como un Viernes Flamenco y una Noche de Bohemia sin serlo- y de la conferencia del compañero Fran Pereira dedicada a su figura dentro del mismo evento, nadie se ha acordado del insigne tocaor jerezano, en un año en el que se podría estar celebrando el 150 aniversario de su nacimiento.

Javier Molina Cundí nació allá por el mes de mayo del año 1868 y fue conocido como 'El Brujo de la Guitarra' y nació en la calle Merced número 24, donde hay una placa que recoge el hecho si bien las letras hay que adivinarlas de lo desgastado y mal conservada que está la leyenda que así lo indica. En la entrevista que concedió a su biógrafo, que fueron publicadas en 1963 – Augusto Butler- el propio artista y profesor jerezano hacía saber que empezó ''a tocar la guitarra a la edad de ocho años, en la Alameda Vieja – en aquella época llamada Fortún de Torres aún- con un señor ciego que tocaba el violín''.

Algunos años más tarde, concretamente en 1885, junto a su hermano, se marchó de Jerez para buscar mejor fortuna como escolta habitual a la bajañí de Don Antonio Chacón, figura que nos vamos a descubrir ni aquí ni ahora, y fue de los primeros tocaores flamencos en ofrecer conciertos en solitario y que, según el investigador almeriense Norberto Torres ''posee en su toque parte del legado dejado por Patiño de Cádiz, Paco El Barbero y Antonio Sol, considerados como los primitivos padres del toque flamenco jerezano''.

En el año 1931, junto a Manuel Torres, dejó para la historia grabadas dos soleares y dos seguiriyas, si bien su trayectoria artística no sólo se desarrolló en su faceta como tocaor flamenco acompañando a los más grandes del momento como Chacón, Torre, El Nitri o La Niña de los Peines sino que, incluso, hasta llegó a realizar arreglos para fragmentos de óperas y zarzuelas. En el año 1936, una vez acabada la Guerra Civil, empezó a dejar de lado su faceta profesional y comenzó a dejar su legado transmitiendo sus conocimientos como profesor, entre otros, a tocaores históricos como los hermanos Manuel y Juan Morao, José Luis Balao, Isidro Muñoz o Rafael del Aguila.

Como pueden comprobar, de sus herederos musicales, salen ramas genealógicas que llegan hasta nuestros días en figuras indispensables para el toque flamenco, cuyo rastro se puede seguir en la actualidad en figuras como Diego del Morao – o su padre Moraíto q.e.p.d.- o su primo Pepe, a través de Juan y Manuel Morao, respectivamante, Manolo Sanlúcar a través de su padre Isidro Muñoz y, por extensión, podríamos llegar hasta hoy día con Vicente Amigo, así como gran parte de la primera plana de toque actual jerezano que representan Santiago Lara, Alfredo Lagos, Juan Diego Mateos, José Quevedo 'Bolita', Javier Patino, Francisco Javier Ibáñez o José, Ignacio Franco y un largo etcétera, a través de las enseñanzas de José Luis Balao, por no hablar de los hermano Jero - Periquín y Antonio-, Paco Cepero, Manuel Lozano 'El Carbonero', Gerardo Núñez y otro largo etcétera a través de la escuela dejada por Rafael del Aguila.

De Javier Molina Cundí dijo Antonio Mairena que su toque enriquecía la guitarra flamenca "pero desarrollando los toques gitanos desde dentro" y para Fernando el de Triana fue "el guitarrista que más cuidado tiene en conservar los acompañamientos de los más difíciles cantes antiguos, pero sin dudar un átomo en el momento que el cantaor los inicie". Cano valoraba su técnica, "muy fluida y suave, y de un bello y cristalino sonido con un timbre particular así como su justo y oportunismo sabor flamenco en adornos y falsetas que avalan los grandes conocimientos de este maestro". Gran amigo de Ramón Montoya Salazár, este siempre indicaba que Javier Molina era mejor que él cuando le preguntaban y, el día que supo Javier del fallecimiento de su amigo madrideño, hasta tuvo que guardar cama de la impresión que se llevó al conocer la noticia.

Pues bien, de momento, hasta el día de hoy, ni Jerez ni ninguna institución publica supraterritorial, llámese Diputación o Junta de Andalucía, ha movido un dedo para conmemorar el 150 aniversario del nacimiento de la figura de Javier Molina Cundí, amén de los actos antes reseñados. Desconozco por qué esta insigne figura vive en el más oscuro de los ostracismos, siendo uno de los pilares fundamentales del toque flamenco jerezano de la que es considerado uno de sus padres y, concretamente Jerez, vuelve a sumar en el debe un apunte más a la deuda que sostiene con artistas flamencos no gitanos y que siguen sin tener la repercusión que debieran.

En el año 2016, salvo la Universidad de Cádiz con una mesa redonda en la que participaron Manuel Morao y Manolo Sanlucar, entre otros, y una serie de artículos que en torno a su figura publicamos en Flamencomanía, poco o nada más se hizo para conmemorar los 50 años de su muerte, ni siquiera adecentar la placa conmemorativa de letras ya casi invisibles que indica que en el número 24 de la calle Merced nació un 4 de mayo de 1868 uno de los artistas más importantes que ha dado nuestra tierra en el mundo de las seis cuerdas al que aquí, en desagravio, le dedicamos este artículo.

Al 'Brujo de la Guitarra'. A Javier Molina Cundí (Jerez, 1868 - Jerez, 1956). In memorian.

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