Crónica del Miércoles Santo: Metáfora de la vida, en seis episodios

Jueves, 29 de marzo de 2018   -    A. Cañadas

Crónica del Miércoles Santo: Metáfora de la vida, en seis episodios

La vida pasa ante nosotros, con tanta prisa, que no somos ni siquiera capaces de darnos cuenta. Pasan las horas y los días, y pasan las estaciones sin solución de continuidad, una detrás de otra, como pasan las cofradías por Carrera Oficial, cuando llega la que dicen es la jornada grande de la Semana Mayor jerezana. La del Miércoles Santo. Alfa y omega en mitad de la semana. Principio y final de lo esperado desde el Miércoles de Ceniza. Último día de la Cuaresma, antes de que el Jueves Santo nos abra de par en par el Triduo Pascual. Metáfora de la vida del cofrade, que también se abre con esperanzas, para llegar en el final de los tiempos, a la Gloria Eterna de Cristo Nuestro Señor.

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Una vida que nace con ilusiones y perspectivas de futuro, cuando venimos al mundo. Igual que la Hermandad del Soberano Poder. Una cofradía joven, llena de gente joven, que encierra en su hechura el poderío de quien acaba de llegar y mira a los tiempos con valentía y descaro. La hermandad que dirige Inmaculada Vadillo, un ejambre de sensaciones que este Miércoles Santo abrió el portón de los nervios a las tres menos diez, para comenzar un recorrido que llegó a Jerez desde el barrio de La Granja, llenando las aceras de rumores, y alegrías, y encuentros, y vivencias.. como las que un año más compartimos por el Carmen o San Juan de Letrán, mientras ponía banda sonora a todo, la magnífica presencia de la Agrupación Musical 'La Sentencia'.

Vida que llega a los años de juventud, como la que también nos cuenta en su historia y su leyenda, la Hermandad del Consuelo. La cofradía del Pelirón. Una corporación que está cambiando con el paso de los años, como el joven al que le va creciendo la barba, y también la inquietud. Ayer, en esta tranquila transformación, varios cambios, que comenzaron con el paso por San Pedro con luz de día y no con la noche sobre nosotros, así como el estreno de la incipiente talla del respiradero delantero, una barbaridad de Francisco 'Quini' Pineda, que dará mucho que hablar en el futuro. Además, el palio presentó un leve ensanchamiento, lo que permitió a Martín Gómez Garrido, Martín junior, estrenarse como capataz al frente de un paso de palio, al que se le notó -para bien- el paso por el taller del afinador de pasos de Los Palacios, si bien algún tipo de 'avería' en la salida, provocó los primeros retrasos de la tarde. Por cierto, estreno también, de nueva Cruz para el Señor del Amparo, a quien la antigua se le quedaba un tanto pequeña.

La vida no es para vivirla en solitario. Es para compartirla con los demás, y eso es algo que saben bien en la Capilla de la Hermandad de Santa Marta, donde llevan tatuado a fuego este nombre: Caridad. Así se llama el Cristo que une los sentires de una corporación, a la que ciertamente está costando seguir el ritmo a las demás cofradías del día. No debe ser fácil vivir en San Mateo, a la sombra de la vecina cofradía del Desconsuelo, y es que en ciertas ocasiones, el tesón y el pundonor no bastan para alcanzar las metas deseadas. Aún así, algunos momentos volvieron a ser brillantes, como el paso por calle Francos, de ida, o por la calle San Juan de Dios, donde el principal activo de esta hermandad, sus dos cuadrillas de costaleros, volvió a brillar por sus formas de hacer las cosas.

Nuestas vidas llegan a las etapas de madurez, cuando las canas inundan de blancor los pensamientos. Todo se filtra entonces en un tamiz bastante más reposado y sereno, y así es -precisamente- la Virgen de la Amargura. Serena en su dolor. Inmensa en sus amargos suspiros llenos de azules dulzuras. Ante Ella, la madura reflexión -también- del Señor que siendo castigado al cruel martirio del flagelo, sólo torna su mirada y perdona a sus captores, lo que este Miércoles Santo hizo al paso, por ejemplo, por el barrio de San Pedro, donde la cofradía de los Descalzos inundó de azules terciopelos, una tarde que pareció estar dibujada para esta hermandad, cuando desde casa de José Zarzana, volvió a sugir la magia de la música, para acompañar a la cofradía. Momentazo. Y extraordinaria la estampa del paso de misterio andando largo por medio de los palcos de Cristina. Luego, en las Angustias, no hace falta escribir nada más.

Esta vida que Dios nos da, conduce irremisiblemente a la veteranía. A los años finales. A los que barruntan el encuentro con el Padre. Ese mismo que provoca la meditación que surge al ver pasar a la Hermandad de las Tres Caídas. Salud derrochada a borbotones por la mano del Señor Caído, cuando pasa por Jerez, derramando el bien más preciado y pedido por todos. La misma Salud que reposa, crucificada, en el paso que estrenó la Antigua Cofradía de Dolores este Miércoles Santo. Cristo muerto. Serenamente dorrmido en el Sagrado Leño, aguardando la hora del Domingo. Todo se ha consumado, mientras surgen las saetas en Plaza Belén desde la Peña 'Buena Gente'. Las que también sonaron cuando llegó, dolorosa, la Virgen de los Dolores, y las voces de Joaquín 'El Zambo' y Juan Lara, pusieron duende y silencio a la noche, despidiendo su manto negro y oro, mientras se alejaba camino de San Lucas. Silencio de reposo y muerte, y luces apagadas para despedir una vida marchitada por culpa de los hombres.. 

Pero la vida aspira a que pasen tres días, y todo vuelva a tener sentido y luz, brillo y sol, gloria y majestad. Como pasa en Jerez cuando el Miércoles Santo se enreda en los aires rojiblancos que llegan cada año desde Santiago. Todo es bullicio y jaleo, como el que habrá en la Puerta del Cielo cuando entren por allí las almas puras. Palmas y compás por doquier, desde la acera de calle Ancha, hasta en las llamadas al palio del Desamparo, cuando tras los faldones se reponde al capataz por bulerías. Prendimiento y solera. Prendimiento y Vida Eterna. La gloriosa cofradía de Santiago, que provoca ese río de personas por Carpintería Baja, donde como olas en un temporal, el bramido de admiración y fervor, acompañó la subida del Señor hacia el Carmen, y luego, se enredó más serenamente -lo cual es de agradecer- en el manto grana y oro de la flamenca Señora de los corales. ¡Vaya palio, y vaya regalo para cerrar la jornada! Por cierto, menos olivo este año. Mejor. Y extraordinaria la sensación de cofradía grande que nos dejó la hermandad por todas partes.    

Por cierto, como cierre a esta crónica, algunas reflexiones que surgen tras haber vivido un nuevo -a veces agobiante- Miércoles Santo: lo de los pasos de peatones, cuando pasan cofradías 'grandes', es una locura, y lo de la suciedad en las calles, también; así es imposible alcanzar el reconocimiento internacional que se desea. Otro apunte: este año están saliendo menos nazarenos, por norma general, y estamos viviendo 'chicotás' que se cortan en mitad de las marchas, y marchas que se cortan cuando paran los pasos. Acaso esté involucionando la Semana Santa.. Y el último, a modo de pregunta: ¿No creen ustedes que lo de tener seis cofradías en cada jornada es un auténtico coñazo? Así lo comentaron ayer algunos cofrades en algunos palcos. Pues sí.

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