Crónica del Martes Santo: Un extraordinario preámbulo a los días grandes

Miércoles, 28 de marzo de 2018   -    A. Cañadas

Crónica del Martes Santo: Un extraordinario preámbulo a los días grandes

Dicen que la del Miércoles Santo, en la gran jornada cofrade de Jerez. Pero para llegar al Miércoles, hay que pasar por el Martes. Un Martes que fue soso y hasta triste hace no muchos años, pero que actualmente, se ha convertido en otro día extraordinario para ver cofradías en esta ciudad, y eso es culpa, únicamente, de las cinco hermandades que procesionan a la Catedral. Cinco corporaciones que rinden culto a más de cinco imágenes titulares, que a su vez valen un imperio, ese que la gente ha sabido hacer suyo, no más se pone en marcha la Cruz de Guía de la Clemencia.

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Porque el Polígono sabe querer al Cristo que llegó de Madrid hace ya muchos años, y desde 2017, ha enseñado además a la gente, a querer a una dolorosa que estaba medio escondida, pero que ahora brilla como el sol, como el oro de Ofir, cuando amanece la jornada de los crismas. La Virgen que agacha la mirada y llora. La que este Martes Santo inundó la Tornería de cosas maravillosas, detrás del sendero que minutos antes, y un año más, le había marcado con temple y poderío, el Señor traicionado en Getsemaní. Genial todo. Genial. Y enorme la petalada ante el paso de palio.

Enorme también, el paso que los cofrades de Humildad y Paciencia le están haciendo a su Cristo. Grande dentro de las pequeñas dimensiones que maneja, y que sirve para poner en valor -esta imagen sí que estaba muy escondida hasta hace no muchos años- el Señor que tallara Francisco de Villegas, una de las gubias más reconocidas de nuestro entorno. El estilo de esta cofradía encaja perfectamente en la jornada del Martes Santo, aunque eso sí, hay que verla con perspectiva de futuro y no de presente, ya que cuando el carey y el oro sirvan de trono a la imagen, estaremos hablando de un contrapunto magnífico a la jornada. Ya lo verán.

Y lo verán, como ayer pudieron verlo al paso de la Hermandad de la Defensión, otra cofradía a la que la gente tampoco deja ya sola el Martes Santo, al contrario de lo que antes sucedía. El aire clásico del paso del crucificado, acompañado de las clásicas marchas de la Centuria Macarena, dibujó algunos de los momentos más brillantes de la tarde. Además, no hace falta buscar en los tópicos de siempre. Las estrecheces de la zona del Carmen siempre son agradecidas, pero la 'revirá' de entrada en los palcos de Cristina fue sencillamente maravillosa. Y del palio, hay que hacer menciones aparte, ya que un año más, el trabajo de Manuel Jesús Elena nos permitió contemplar momentos llenos de sabor, de esos que sirven para crear 'afición' a la Semana Santa, y por supuesto, para crear cercanía y devoción a la Virgen. Enhorabuena.

Por su parte, la Hermandad del Amor repartió emotividad por allá por donde pasó.Una cofradía de padres y de hijos, y también, -los años no pasan en balde- de los nietos que ya van llegando al elegante cortejo de nazarenos blancos. Así que, primero con el Señor Cautivo, y después con el Cristo del Amor y la Virgen de los Remedios, todo lo que la cofradía puso en la calle, tuvo el sentido de lo auténtico. La salida fue vibrante y también llena de elegancia, pero al igual que antes había pasado con la Defensión, el paso por Carpintería Baja y Tornería, compitió en belleza con otras zonas de la ciudad menos famosas, ya que la amplitud de zonas como Porvera o Mamelón, nos permitió ver a la hermandad en toda su rotundidad, y sobre todo, escuchar con tranquilidad y admiración a las dos bandas que acompañaron a las imágenes, las de 'San Juan' y 'Coronación' de Córdoba, dos formaciones extraordinarias, para una jornada que en lo musical, fue sensacional en todas las cofradías.

Porque sensacional también fue lo que nos dejaron después la Agrupación 'La Sentencia' y la Banda 'Enrique Galán' con la Hermandad del Desconsuelo, una cofradía de la que no hace falta que digamos mucho más. Otra muestra de cómo la gente sigue unos colores en Semana Santa, río rojo y negro que no solo caminó por dentro del cortejo nazareno, sino también por las aceras. Sentido de propiedad. Sabor a barrio antiguo abandonado, que vuelve a llenarse un día al año. Y todo por el Señor de las Penas y la Virgen que llora junto a San Juan. Y por cierto, dos detalles, uno bueno, y otro no tanto. El bueno, lo acertado del paso por la Merced, muchos años después, y motivado por el octavo centenario de la Orden Mercedaria. Un momento extraordinario. Y el menos bueno, el 'pinchazo' que pegó la cuadrilla del palio, con ratitos ciertamente angustiosos en la subida por Barranco y en la recogida. Siempre le toca a alguien el año malo, y este año le ha tocado a esta cuadrilla. Mucho ánimo. 

Así que este es el Martes Santo que pudimos vivir quienes nos quedamos en Jerez y no nos fuimos a Sevilla, que es lo que casi todo el mundo hacía antes de que naciera como hoy la conocemos, esta magnífica jornada de Semana Santa. Enhorabuena a todos. 

Y por cierto, y en el cierre, tampoco vamos a darle mucho más pábulo al lanzamiento de huevos a la Hermandad de la Clemencia cuando bajaba desde San Benito a la altura de los Juzgados. Idiotas hay en todas partes. Lo importante es que todo quedó en anécdota.

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