Tradición, evolución y maestría

Viernes, 28 de julio de 2017   -    David Montes

Tradición, evolución y maestría

Interesante cita la que nos regalaba en la noche de ayer el ‘Estival Flamenco’ que se está celebrando en Cádiz estos días de los meses de julio y agosto. Con patrocinio de CajaSol y dirección de Paco López, estas jornadas que vienen a sustituir este año a los tradicionales Jueves Flamencos que hasta 2016 ha organizado la Peña Flamenca ‘Enrique El Mellizo’, contenía en esta segunda de sus entregas el encuentro de tres voces femeninas, complementarias entre sí pero diametralmente opuestas en su forma de concebir el flamenco.

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María Terremoto, Rosario La Tremendita y Mayte Martín, por este orden, fueron las encargadas de protagonizar un encuentro de casi tres horas de duración en el que el cante de garra de la primera, la transgresión de la segunda y la maestría de la tercera nos hicieron irnos para casa más que satisfechos. Gran acierto el de anoche por parte de los programadores.

En primer lugar, la más joven de todas ellas, María Terremoto, tenía el difícil encargo de abrir y despejar plaza. El Baluarte de la Candelaria abre sus puertas una hora y media antes del espectáculo para que los asistentes puedan degustar la gastronomía gaditana y, con media hora de retraso y algunos con el montadito en la mano, acompañada de Nono Jero a la guitarra, la soleá por bulería fue el cante escogido por la artista trianerojerezana (podríamos decir también que de Castilleja de Guzmán) para abrir la noche.

Por sus venas corre sangre terremotera. El legado que le dejaron su padre y su abuelo es una espada de Damocles que tantas puertas abre como responsabilidad conlleva. No es fácil ponerse ‘Terremoto’ de nombre artístico. Créanme. Y por muchos giraldillos que le concedan a uno como artista revelación, cada vez que se sube la escalera de un escenario, es una prueba de examen de esta artista en la que muchos buscan recuerdos de Fernández, de Pantojas y de Monjes.

Maridando el cante corto, típico del Barrio de Santiago, con otros estilos más acordes a su joven voz, defendió el primero de los cantes arropada dentro del compás que le marcaban guitarra y palmeros. Los tientos y tangos, que pudieron ver en directo a través de nuestro canal oficial en Facebook, encontraron acomodo en ‘Graná’ y en las tierras extremeñas, tan de moda últimamente.

Fandangos naturales y las bulerías de cierre fueron la aportación de María Terremoto, interesante voz a la que no hay que perderle el rastro. Largo es el camino que le queda aún por recorrer en su aprendizaje pero, a su favor, tiene aún todo el tiempo del mundo para ello.

La segunda en entrar en escena fue la trianera Rosario ‘La Tremendita’. Silla alta y bajo en mano, se presentó la cantaora junto a Pablo Martín Jones – que ella misma definió como su ‘pinchaó’-. Cambio de registro absoluto. Si bien en el primer acto encontramos un cuadro de formato tradicional, lo que nos trajo la hija del ‘Tremendo’ fue una transgresión realizada desde el respeto a las formas y modos del flamenco.

Hay que tenerlos muy bien puestos para hacer lo que esta cantaora hizo anoche en el Baluarte de la Candelaria. Los arreglos de cada uno de los cantes no contenían señas de identidad tradicionales mas que el cante en sí. Los abandolaos de inicio, las bulerías de continuación – que también pudieron ver en directo en nuestro canal Facebook- y los tangos de su Triana natal no hacían perder la identidad ni las formas cantaoras. Si la vanguardia del flamenco tiene algún sendero definido, Rosario ‘La Tremendita’ es de esas artistas capaz de pisarlo de forma firme. Conoce el cante y los cantes, sabe jugar con los tiempos sin que se pierdan las formas y el flamenco queda perfectamente identificado. El público así lo entendió. Jóvenes y menos jóvenes. En pie la despidieron, dejándole el 'pescao' caro a quien viniera detrás.

Y quien venía detrás no era moco de pavo. Tocaba cerrar la noche a la Bruce Springsteen de lo jondo. A la Boss del cante. Mayte Martín nada mas y nada menos. Acompañada de Salvador Gutiérrez, la cantaora catalana llevaba motivación de sobra para entregar lo mejor de sí misma. El público estaba en su grado justo para arrancar en ebullición y supo aprovecharlo. Y tanto que supo aprovecharlo.

La perfección es su constante vital. Manu Meñaca puede dar fe de ello. Cuida hasta el último detalle. No deja nada al azar. Y anoche hizo gala de ello. Para empezar granaína y media de Chacón de corte impecable que prosiguió por peteneras y unos fandangos naturales donde hizo un recorrido exquisito en el que tuvo hasta momento para recordar los orígenes de la bambera – que también lo podrán encontrar en nuestro canal Facebook-.

Por soleá se embarcó en la reina de los cantes para ir remando junto a Salvi por el rio del flamenco desde Cádiz a Sevilla. Por alegrías, salpicadas con un par de cantiñas, provocó que el público no la dejara marcharse. En pié, aplaudiendo y esperando el bis, no tuvo mas remedio que darse la vuelta a media escalera. Por bulerías, cuidando hasta el último de los compases, puso el colofón que la noche necesitaba. Mayte Martín es una de las cantaoras más largas de cuantas haya en el panorama flamenco actual, y en la noche de ayer disfrutamos con ella y ella también disfrutó con un público entregado que asistía a una nueva lección de cante de quien ostenta un doctorado y un magisterio jondo en su cabeza y en su voz que no deja impasible a nadie. Un lujazo.



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