Pasear por los reflejos

Viernes, 14 de abril de 2017   -    Alberto Espinosa

Pasear por los reflejos

Quise vivir la tarde del Jueves Santo dando un paseo por los reflejos de la luz, esos instantes fugaces que van tallando en una caída de parpados los cristales silenciosos de los escaparates. La memoria se alimentará continuamente de esos reflejos.

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Por el barrio de Icovesa, el reflejo de Don Ruperto iba hilvanado a la nueva túnica de estreno del Señor salesiano. Don Bosco descorchó un amontillado de vida al colarse por las vueltas de las túnicas de su cortejo. Y lo escucharon sonreír.

Asistir al momento en el que el Cristo del costado carmelitano ascendía a un cielo ausente de nubes fue como apagar la luz de un diorama de carne y hueso. El reojo de la mirada buscaba los tirabuzones del mes de julio y sobre la piel de ese Cristo -donde los invidentes leyeron el dolor de los moratones-, la saeta curó la herida. La lanza de Longinos brotó de la misma tierra para atravesar el tiempo y los cuatro angelitos de las esquinas vieron la pasión reflejarse en los mosaicos de las fronteras.

Estar delante del respiradero de la Virgen del Mayor Dolor y perderse en el ramal de su pena acongojada debería de estar prescrito cada cuarto de hora. Es el tiempo que uno tarda en volver en sí tras verla de arriba a abajo. O de abajo a arriba. En la apertura de sus implorantes manos se reflejó el caminar de una presentación al pueblo del único Hombre que desnudó al mundo su corazón para que las tinieblas acallaran sus gritos. El maridaje de túnicas junto al apellido Gorrión me supo a nostalgia, a herencia, a legado que jamás deberíamos de echar en el pozo de los olvidos. 

No supe leer muy bien el reflejo en la tarde de la Hermandad de San Juan de los Caballeros. Añoré su antigua cruz de guía. Me gustó la sobriedad con la que el Buen Ladrón se convirtió a la Verdad. Me encandiló la Verdad que sostiene con vida a la Lagrima adormecida de sus costuras.  

Por los adoquines de los rezos, hubo una mirada que por mucho que quiso apartarse del cáliz de su destino, no lo logró. No lo logrará nunca mientras un revuelo de ángeles sobrevuele los hilvanes de los conventos. Uno aún se puede confortar en este vaivén de cantos de sirenas que es la vida al ver esta cofradía en la calle. Y al escuchar a la Sentencia.    

Al rasgarse el papel de celofán de la noche, los reflejos de la luna se descalzaron los nervios, y por San Miguel se despertaron. Me quedo con la encarnación del Verbo Divino desde el patio de los naranjos de Cristina. Me quedo con el eco crucifijado de una Madre atravesada de candelas. Me quedo con un mutismo ronco cosido a la pechera de las cadenas. 

San Francisco fue una vez más una mancha blanca de silencio arañando la noche. Es ver lo que uno oye. Es la simpleza de una fe esperanzada. Es una reja cuyos pestillos deberían de levantarse en armas. Es un Vía-Crucis de cera y sombras.  

Dicen que Marquillo se acicala el bigote cada Noche de Jesús para jalar de la masa de la sangre de esta ciudad. Los niños de su cortejo llevan esta esencia en sus venas. Es un reflejo que se escribe en la solera de lo pretérito. Es un mausoleo de recuerdos. Es una túnica que duele cuando el viento se te clava en la cara, pero que balsama las albarizas de los pellizcos.  

Por Santiago el reflejo volvió a envolverse en sí mismo para cambiar algarabías por Muerte. Nombres por alegrías. Saetas por espamos de Dulces. Patinas de belleza por arbotantes agitanados. El barrio no sabría respirar sin este reflejo.

Pero el mayor reflejo de la jornada se tiznó en la pupila de la calle Sol para firmar una sentencia con la que esperanzarse, con la que regalarse pañolones de locura, con la que corretear por las piedras de la primavera. Si la ciudad no va a perderse en el jardín botánico de la Esperanza, la Esperanza se pinta dos coloretes de fragancias y se da un paseo por las grecas de las esquinas. Menos mal que la tenemos a Ella..    

Reflejos de una tarde-noche maravillosa. Reflejos de un idilio donde el sol besaba a la luna entre las azoteas de la niebla.

Reflejos de la obra perfecta de Dios…

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