Justicia

Lunes, 27 de febrero de 2017   -    Antonio Aguayo

Justicia

La Justicia se suele representar como una mujer joven y bella, con los ojos cubiertos por una venda, que sujeta con su mano diestra una espada en alto, en tanto que con la otra mano sujeta una balanza. El iconólogo cesare Ripa, en el 1603 nos da las razones de esta alegoría. Alude a que esta es la justicia que han de impartir el Juez, el cual ha de ser un hombre (en aquel momento no había juezas) sin mancha, enteramente limpio de propios y particulares intereses, ni por cualquier otra pasión que le deba deformar su visión, todo lo cual viene indicado por la venda sobre los ojos. La espada en alto significa que la Justicia no debe plegarse ni inclinarse hacia ninguno de sus lados, ni por amistad ni por odio que se tenga hacia cualquier persona. La balanza marca las pautas que debe regir todas las acciones del juez.
He tomado la cita de un libro de emblemas escrito por un humanista, que vivió a fines del siglo XVI y principios del XVII, pero esta iconografía de la Justicia es la que todos conocemos, la que todos y todas creemos que debe ser. Sin embargo, cada vez con más insistencia, los hechos acaecidos en España se esfuerzan en demostrarnos, con las sucesivas sentencias dictadas por los jueces, que este ideal de Justicia no se cumple. El caso más reciente y también el más sangrante es la sentencia de la Audiencia de Mallorca sobre el caso Noos. Es evidente que la sentencia ha sido tal como todo el mundo temía y que sin embargo no nos creíamos que se atrevieran a hacerlo de manera tan burda y descarada, que hasta los propios medios judiciales se sienten escandalizados, y que  no impongan, ni tan siquiera, medidas cautelares.
La pregunta que todo el mundo se hace es si esa sentencia sería la misma si no estuvieran involucradas personas vinculadas a la Casa Real. La respuesta es tajantemente: no. La justicia, que tan dura es con los casos de desahucio, de libertad de expresión, y tantos otros ejemplos que podríamos poner, ahora vemos como se pliega a las exigencias, de ciertos poderes políticos que tratan de defender a toda costa la institución monárquica. Y creo, sinceramente, que flaco favor se están haciendo, porque una de las características de la democracia es la separación de poderes, y la independencia de la Justicia. Si con estas sentencias se están socavando los principios básicos de la democracia, nos están demostrando que la institución monárquica no puede coexistir con algo tan denodadamente buscado por el pueblos español como es la democracia. Estas sentencias, que siguen el dictado, que acatan unas órdenes muy estrictas y tajantes dadas para proteger una institución, lo que realmente están contribuyendo es a dinamitarla.
Ninguna institución que quiera convivir con una democracia puede hacer nada que intente socavarla. Si la monarquía realmente quiere ser intocable, y volver de nuevo a los postulados de la monarquía absoluta, en donde la palabra del rey es ley, creo que es el momento de cuestionarnos si esta institución tiene cabida entre nosotros. ¿No sería el momento de someter la monarquía a referéndum? En estos momentos creo que esta institución carece de la legitimidad necesaria, y su gestión tiene  una muy difícil justificación.
Creo que todo tiene un límite, y el tiempo de la indignación creo que ha llegado. El pueblo merece un respeto.

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