Los caminos del fútbol

Ilustración y cubierta de El chaval de la cantera.

Sábado, 18 de febrero de 2017   -    Natalia Huel

Los caminos del fútbol

Son muchos los jóvenes que sueñan con llegar a ser futbolistas. Y una gran mayoría la que se acaba quedando en el camino. Solo unos cuantos pueden hacerse con un hueco dentro de los equipos importantes del panorama nacional. La travesía hasta llegar a la cima es larga y complicada. Y sobre esos inicios, sobre ese camino que hay que recorrer en el mundo del fútbol trata nuestra recomendación de hoy. 
 
Como todos los sábados, los libros infantiles y juveniles son los que llegan a este rincón donde abrazamos a las letras para disfrutar de la lectura. El chaval de la cantera es el libro que destacamos hoy. Editado por La Galera e ilustrado por Eva SánchezLuis Prats es el autor de una historia que tiene como protagonista a Nico Parra, un joven que es fichado por el Real Madrid para que forme parte de su cantera. 
 
Lo que sería una alegría para cualquier joven que sueña con un futbolista, también esconde momentos difíciles. Y es que no es nada fácil tener que cambiar de ciudad para irte a vivir a la capital de España. Nuevos hábitos, entrenamientos, compañeros y un largo trayecto por delante para intentar llegar a lo más alto. 
 
Muchos cambios a una edad muy temprana. Normal resulta que los jóvenes puedan perder un poco la cabeza ante una situación que se les escapa. Por esta razón, El chaval de la cantera es un libro muy recomendable para conocer todos los contratiempos del mundo del fútbol y, al mismo tiempo, también comprobar que el deporte puede dejar momentos muy bonitos si se compite y juega con ilusión, deportividad y esos valores que defiende el autor a lo largo de todo el libro. 
 
La importancia de las relaciones de amistad y el valor del esfuerzo son dos de los elementos que forman parte de un relato que nos dejará el sabor de las grandes victorias. 
 
“Nico hizo como ellos, correr un poco arriba y abajo, mover los brazos, hacer algunos estiramientos… Y cuando el árbitro salió al campo fue a sentarse en el banquillo con el miste y los otros suplentes. No miró hacia las gradas porque sabía que no había nadie de su casa y eso le dejó todavía un poco más hundido. Pero no había nada que hacer. Estaba donde quería y este era un partido de verdad. El campo era de césped. El árbitro iba acompañado de dos vinieres que antes de empezar el partido se aseguraron de que las redes de las porterías estuvieran perfectamente colocadas”. 
 

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