La leche de la vaca

Sábado, 28 de enero de 2017   -    Juan Félix Bellido

La leche de la vaca

La pobre vaca está entrando en una grave situación; no digamos que terminal e irreversible pero las cosas pintan mal para la menesterosa vaca. Y lo peor de todo es que los veterinarios que podrían ayudarla están a por uvas; quiero decir que están ocupados en otras gilipolleces, en otros cuentos chinos, en otras estupideces, sandeces y boberías y no se preocupan por la vaca. Ponen cara de circunstancia, pero la ponen de perfil, y como tienen una desfachatez y una poca vergüenza que no hay quien pueda con ella, declaran que la culpa la tiene la vaca por no cuidarse. Y es que las ubres de la vaca no dan más leche. Se están secando y la pobre vaca va a morir de inanición. Y el pobre ganadero, a aguantar el tirón como puede y hasta que pueda seguir aguantando. En esto estaba yo, dándole vueltas a la cabeza porque la vaca España real, no la de los que no paran de crecer mientras la gran parte se empobrece; a la vez que el gobierno y sus secuaces, ordeña que ordeña, como si la vaca fuera suya y tuviesen autoridad sobre la salud y la supervivencia de la vaca; pues como decía, estaba en mi rincón del tabanco dándole vueltas a todo esto, tratando de no irritarme para que la tensión no se disparase y al final el que se muera de un telele no sea la vaca sino yo, cuando veo entrar a Manolo con la cara descompuesta, cabizbajo y, desde luego, más mustio que un tiesto de geranios al que no riegan desde el verano pasado. Se ha jubilado hace pocos meses y desde luego no hace honor a su nueva situación, porque cara de júbilo, lo que se dice cara de júbilo, no trae. Se acerca al mostrador del tabanco y más que apoyarse en él, casi se derrumba sobre él. El dueño del tabanco se le acerca. -Pero, ¿qué te pasa, hombre, que vienes con una cara…? Yo lo miro desde mi mesa y, desde luego, trae una cara que hace la competencia a cualquier condenado a muerte que espera en el corredor… pero más cabreado que abatido. -¿Qué cara quieres que traiga? -Pues ya me dirás tú. Parece como si te hubiese sentado mal la jubilación. Y es que Manolo ha comenzado a hacer cálculos, a escuchar las declaraciones del Gobierno, y el miedo, más bien el terror, se le ha metido en el cuerpo. Y no le falta razón. -Así que no sé si es bueno eso de que crezca la esperanza de vida. Estamos en 87 y 88 años, pero lo malo es que seguirá subiendo. Y como yo dure mucho, mi pensión no va servir ni para pagarme un bocadillo de mortadela diario. Por el contrario suben los impuestos, suben la electricidad y los servicios básicos, la Ministra de Sanidad nos asusta con un copago en las medicinas que los jubilados –cuya salud se va deteriorando a medida que pasan los años- no podremos pagar… No sé si seguir escuchando a Manolo corriendo el peligro de una depresión de caballo, o volver a estos papeles. Pero la vaca sigue dando leche sólo para los de siempre. Y si no que se lo digan a los directivos de las Eléctricas. Tienen ahora leche de sobra y la seguirán teniendo cuando se jubilen. Los demás, a los que ahora se nos hace gravoso el pagar la factura de la luz, seguiremos costeando estas indecencias, paseando esa cara desencajada de Manolo y aguantando a estos políticos que no ponen solución a todo esto. El dueño del tabanco le dice a Manolo que no se preocupe, que “a vivir que son dos días”. Lo malo es que como en vez de dos sean cuatro, los dos últimos van a ser de economía de guerra.

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