Filosofía directa para gente curiosa

Domingo, 20 de noviembre de 2016   -    Manuel Muñoz/María Vila

Filosofía directa para gente curiosa

El 17 de noviembre se celebraba el Día Mundial de la Filosofía y esta semana queremos acercarnos más a ella con Camelia y la filosofía (Arpa Editores), un libro para todos los públicos que nos ofrece una visión muy práctica y cotidiana de la filosofía. Con Juan Antonio Rivera, autor del referido libro, hemos hablado en MASLEER para conocer más a Camelia y sus aventuras. 



Con su obra consigue aproximar a los lectores a la filosofía de una manera muy amena y directa. ¿Por qué a veces nos cuesta tanto acercarnos a libros como ‘Camelia y la filosofía’? 

Antes que nada le agradezco que piense que la lectura de Camelia y la filosofía es amena y directa. Era justamente lo que intentaba conseguir: una introducción a cuestiones filosóficas que resultara interesante y en donde se fuera al grano, sin emplear el lenguaje inflado y repleto de jerga a que son dados tantos filósofos, y que han ganado para la filosofía la turbia fama de ser una materia difícil e intrincada. Camelia y la filosofía es un libro de filosofía, pero no es como la mayor parte de los libros de filosofía, pues, sin renunciar a la profundidad, pretende resultar accesible a personas simplemente inteligentes y curiosas.


¿Qué le parece que se compare su libro con ‘El mundo de Sofía’? 

Pues mal, para qué decir otra cosa. Es una maldición que acompaña como una sombra a cualquiera que haga libros de introducción a la filosofía para un público juvenil. Es algo que ya me pasó con un texto mío anterior, Lo que Sócrates diría a Woody Allen. Tal parece que, antes de escribir este tipo de libros, el autor haya tenido que leerse El mundo de Sofía. Y que conste que la obra de Jostein Gaarder me parece una buena obra. Lo que sucede es que el libro de Gaarder es un texto de historia de la filosofía, mientras que lo que yo hago es muy distinto: saco a colación temas de filosofía (casi ninguno de los cuales aparece en el libro de Gaarder) sin cuidarme en ningún momento del orden cronológico en que aparecieron. Algunos incluso (como la relación entre el apetito fáustico y el amor fati) son cuestiones de cosecha propia y que no aparecen en ningún otro libro.


¿Cuántas Camelia existen hoy en día? 

Supongo que muy pocas. Yo al menos no he conocido a ninguna, aunque ya me hubiera gustado. Creo que una persona de su edad y con su ahincada pasión por la lectura se está convirtiendo ya en una rareza. La feroz competencia de los videojuegos, la televisión o Internet (con sus múltiples tentáculos) está convirtiendo en una heroicidad, o poco menos, que un joven se dedique a leer libros. 


¿Siempre tuvo claro que debía ser una joven estudiante como ella la protagonista? 

Sí, esto sí. Tuve como alumna hace ya algunos años a una chica marroquí, que me sirvió como prototipo para Camelia y que incluso me dio involuntariamente la idea de escribir el libro, aunque la alumna en cuestión no era grafómana, ni tenía memoria fotográfica, ni le pasaban casi ninguna de las cosas que le suceden a Camelia.


¿Llegará algún día la filosofía a quitarse el cartel de asignatura pendiente?  

Eso espero, como también que mi libro haga su pequeña contribución a una tarea así.


El mensaje que manda es claro. ¿Le preocupa que no se ponga en práctica? 

El mensaje central de mi escrito es que los humanos tenemos una racionalidad limitada, porque limitadas son nuestras capacidades de atención, de cálculo o de memoria (dejando a Camelia aparte). De esto ya han tomado cumplida nota quienes se dedican a lo que se llama «economía del comportamiento» (una feliz mezcla de economía y psicología experimental). Aunque creo que en el ámbito de la filosofía la corriente principal sigue siendo acérrimamente racionalista y refractaria al mensaje central de mi libro, pero espero que esto también cambie de aquí a unos años. Hay ya mucha evidencia acumulada de que la sobrevaloración de la racionalidad en los humanos es una vía muerta.

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