Desde las lágrimas del 82

Miércoles, 5 de octubre de 2016   -    Antonio Aguayo

Desde las lágrimas del 82

  Aún recuerdo con emoción y nostalgia aquella noche de octubre del 82 en la que, con lágrimas en los ojos, tras conocerse los resultados de las elecciones, que daban la mayoría absoluta al partido socialista, salimos a la ventana, como mucha otra gente, soñando con un mundo mejor, mas justo, mas libre y solidario. Desde una posición de absoluta independencia dentro de la izquierda, creímos que, al fin en España algo había cambiado, y que la sombra de la dictadura, que aún planeaba sobre la incipiente democracia se alejaba definitivamente para no volver.
Pronto, algunos nos vimos defraudados por una serie de hechos, actitudes, decisiones, que no es el momento de enumerar, ni quiero recordar. Parafraseando al recordado Javier Krahe, nos preguntábamos: Es socialista, es obrero, o es español solamente, o quizás tampoco eso, que americano también. La deriva hacia una derecha, cada vez mas patente, fue inexorable. Y el indiscutible carisma de líder, antiguo Isidoro, hacía encaje de bolillos para hacer creíble lo inexplicable. Pero eso ya es historia.
Lo de estos días es totalmente diferente. Lo que hay que pedirle a unos líderes políticos, dejando aparte la honradez, es inteligencia, y el golpe de estado que ha tenido lugar dentro de un partido a sí mismo llamado de izquierdas, ha sido absolutamente chapucero. ¿Cómo se puede eliminar a un secretario general  de un partido, elegido democráticamente en una elecciones primarias, en las que han participado las bases del partido? ¿Cómo se puede justificar la defenestración de dicho secretario general aduciendo la unidad indisoluble de España? ¿Cómo se puede impedir el pacto con un partido de izquierdas, favoreciendo a la derecha mas corrupta de Europa?
El partido ha quedado inexorablemente dividido, oyéndose voces muy claras que anuncian no respetar la disciplina del voto, como es el caso de los socialistas catalanes, que veían una posibilidad de solucionar, o al menos afrontar el problema catalán. El mismo exsecretario general sigue siendo parlamentario, y ha comunicado que se votará en conciencia en la investidura del gobierno de derechas. Dejando de lado el desprestigio y la fractura que han ocasionado  hay un hecho mucho mas peligrosos si cabe, y es que si la derecha, en un golpe de fuerza convoca nuevas elecciones, ignorando la posible abstención, los resultados, dada la situación interna del partido, van a provocar una derrota histórica, como no se recuerda nunca, lo que provocaría el efecto contrario al buscado mediante el golpe de estado palaciego, dejar el control de la oposición en manos del partido de izquierdas con el que no se ha querido pactar. Simplemente no van a existir, quedando condenados al ostracismo durante décadas.
En definitiva, unos chapuceros. Y es que para ser golpistas hay que ser, como mínimo, inteligentes. Aprendan del 23 F.

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