Literatura en estado mágico

Miguel Ángel Asturias y El Papa Verde.

Lunes, 10 de octubre de 2016   -    J. Berto

Literatura en estado mágico

"La luz de la mañana sumía la estancia en una profunda claridad de agua límpida. Qué distinta luz la de la costa, donde, desde el espacio celeste hasta la habitación más pequeña se llenaba cuando alumbraba el sol, y los objetos y uno mismo sentíase prisionero del centelleo radiante de cada partícula, debiendo vencer su densidad para moverse. Aquí, no; aquí en la ciudad, a casi dos mil metros sobre el nivel del mar, salía el sol y no llenaba nada; quedaba el ámbito hueco bañado en su fulgencia como un espejo, y todo era como un sueño, un sueño en el vacío de un sueño, nada tangible, nada real, todo inexistente en la luz que no existía directa sino reflejada". 

Creo que nunca he comenzado una reseña de un libro con un párrafo del mismo, pero ante la prosa de Miguel Ángel Asturias no hay definición mejor que simplemente detenernos ante su escritura, ante esa forma de contar y narrar, ante su capacidad para criticar un modelo de estado al mismo tiempo que construye una realidad con sus letras. Recientemente destacábamos su Viento fuerte entre nuestras recomendaciones semanales. En esta ocasión nos detenemos en El Papa Verde (Drácena), el segundo de los títulos que componen junto a Los ojos de los enterrados la llamada Trilogía bananera

Geo Maker Thompson es el oscuro protagonista sobre el que gira la historia de un país -Guatemala- que acaba preso de los intereses de una multinacional, la Tropical Bananera S.A. Asturias retrata magistralmente el sufrimiento y drama social de una población superada por las circunstancias. ¿Cómo una empresa puede adueñarse de una nación hasta el punto de convertirla en una auténtica república bananera? El Nobel de Literatura -primer novelista en lengua hispana en conseguir tal galardón- lo cuenta con brillantez en esta novela cargada de simbolismo y no exenta de una profunda reflexión política. 

Literatura convertida en denuncia, poder narrativo como espejo de la América de los años 50. Además de mostrar la realidad, el escritor vive con intensidad el relato que cuenta. Sin estar, pero estando. Con unos diálogos muy interesantes, un protagonista perfectamente definido (muy frío pero con el que puede empatizar por momentos el lector) y un permanente aroma poético en la narración, El Papa Verde camina entre el mundo real y el realismo mágico de su autor. 

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