El Resucitado

Foto original: Esteban Pérez Abión

Martes, 23 de abril de 2019   -    José María Aguilar

El Resucitado

El 30 de Junio de 1954 se disputó en Lausana una de las mejores semifinales mundialista del S. XX. Hungría era una selección a la altura de las posteriores Brasil de Pelé o la naranja mecánica de Cruyff que, pese a no contar con el ya barcelonista Kubala tras el exilio de éste, tenía a jugadores de la talla de Czibor, Kocsis o Puskas y hacían el mejor fútbol de Europa. Sólo la invasión soviética del país magiar evitó aumentar la leyenda de una de las selecciones con más talento de la historia del fútbol. Sin embargo la historia sí fue benévola con la celeste de Uruguay que le regaló grandes momentos entre los que destacaba por encima de todos su segundo Mundial con el antológico maracanazo de Brasil '50 ante la anfitriona.

El partido fue casi todo de dominio magiar y el equipo uruguayo veía como el sueño de su tercer campeonato se esfumaba. Faltaban 15 minutos y ganaban los europeos 2-0 cuando el dorsal 8, que debutaba ese día con la zamarra celeste y se llamaba Juan Hohberg, recortaba distancias estableciendo el 2-1. La garra charrúa se intensificó y Hungría empezó a temer por encajar la primera de las derrotas en la competición. Los celestes se volcaron sobre la portería de Grosics, apodado la pantera negra, y en el minuto 86, de nuevo Juan Hohberg desataba la locura en el estadio y en todo el país al empatar el partido. Se fue como loco a celebrarlo hacia el lateral de la portería que perforó en dos ocasiones y tanto compañeros, como fotógrafos y aficionados se tiraron encima de él. Tras retirarse toda esa algarabía de gente apoltronada encima del futbolista, el cuerpo del doble goleador permanecía inerte. Pronto los servicios médicos vieron que no respiraba y que había entrado en parada cardiaca: Juan Hohgerg había muerto celebrando un gol.

Javi Tamayo está viviendo los peores momentos desde que llegó al Xerez Deportivo. Los 2 goles en Liga y 915 minutos de esta campaña se antojan insuficientes para quien en su primer año sumó 16 goles en el desastroso debut en División de Honor... donde se lesionó. Precisamente esa lesión le hizo no volver a ser el mismo e incluso un sorprendente Carlos Cuenca le arrebató el galardón de máximo goleador en la temporada pasada. Con estos números y, mirando los de Adrián Gallardo a años luz, no hace falta ser muy listo para vaticinar que, sea cual sea la categoría en la que juegue el Xerez Deportivo la próxima campaña, el bravo delantero xerecista no lucirá su garra y coraje en Chapín. Pero la reciente lesión del delantero isleño podría abrirle una puerta a la historia.

Yo pienso que Javi ya no tiene nada que perder. Absolutamente nada. En estos 4 partidos que faltan de liga regular, Tamayo puede tener ante sus botas el más ambicioso de los retos al que se pueda enfrentar esta afición en sus tiempos más recientes: volver a Segunda B. Pero aunque duela, creo que la motivación de Javi no debe estar en conseguir un nuevo contrato, aumentar sus registros goleadores, o demostrar nada a nadie. Y por mucho que sea el aprecio, tampoco creo que deba hacerlo por sus compañeros, por la grada que tanto le quiere y le echa de menos y ni tan siquiera por este estadio, esta camiseta, o este escudo que le han hecho vivir una de las experiencias más bonitas que se le pueda regalar a un jugador no profesional. Tamayo sólo debería hacerlo porque se lo debe a él mismo.

Los médicos consiguieron reanimar el corazón de Juan Hohberg y éste resucitó. Pese al infarto el jugador volvió a saltar al campo y disputó la prórroga conocedor del riesgo al que se enfrentaba por su vida. Kocsis remató la faena húngara con dos nuevos goles que impidieron otra épica mundialista de Uruguay. Y esta rocambolesca historia me hace pensar que no sé si Javi Tamayo está muerto para cumplir los objetivos del Xerez Deportivo de esta campaña o le queda algo de cuerda, pero lo que no me cabe la menor duda es que si el éxito de esta temporada depende de los goles de Javi, éstos deberían tener como única dedicatoria el propio reflejo que Javi proyecta todas las mañanas cuando se mira en el espejo. Porque es lo mínimo que puede hacer quien ya no tiene nada que perder, es salvar el orgullo de un currante del fútbol que está llamado a pasar a la historia y convertirse en el Resucitado de todo un xerecismo.

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