Una gran profesora y gran mujer: Loly

Jueves, 6 de julio de 2017   -    Antonio Aguayo

Una gran profesora y gran mujer: Loly

La semana pasada fueron los homenajes, discursos, reconocimientos. Al fin llegó el día tan largamente ansiado, y sin embargo tan temido. Pretendía irse en silencio, sin llamar la atención. Un día salir por la puerta, como tantos otros a lo largo de muchos años, y simplemente que su voz dejara de resonar en las aulas que tanto amó. Pero ella, que tantas cosas ha sido capaz de hacer, no consiguió este último empeño. ¿Cómo hacer callar las voces de tantas personas que la han rodeado? ¿Cómo silenciar los sentimientos de sus compañeros y compañeras y de todo el alumnado? No es fácil traspasar la puerta que marca el fin de una etapa. Es cierto que supone un descanso, merecido después de tantos años de docencia, pero no es menos cierto que supone a renunciar a una parte muy importante de lo que ha supuesto para ella, no solo un trabajo, sino una vocación, una pasión, una manera de ver y entender el mundo, la vida, a través de los ojos de esos chicos y chicas, que durante años han compartido su vida.
Ha sido una semana intensa, emotiva, dulce y alegre. No creo que se pueda olvidar fácilmente ese abrazo colectivo en que se fundieron todos sus tutorados con ella. No es fácil olvidar las lágrimas de tantos chicos y chicas que querían despedirse de ella. Y que es que para todo ese colectivo que supone el alumnado, ha sido mucho más que su profesora, ha sido su amiga, su confidente, su consejera. Ha sido aquella persona que, estando a su lado, ha sabido llevarlos hasta ahora. Han sido años de conocimiento, de respeto mutuo, de cariño, de mutua confianza y de mutuo apoyo.
La otra cara, la otra vertiente, la pusieron sus compañeros y compañeras e la despedida que le hicieron. Los miembros del Departamento, entre los que había antiguos alumnos y alumnas, así como la dirección y la responsable de Igualdad, en sus palabras expresaron, no sólo con palabras, sino con el corazón, lo que había supuesto el trabajar con ella, y tenerla como compañera.
Ahora ha llegado el momento del descanso, de abrir la puerta que la ha de conducir a su “cuarto propio”  por el que tanto ha luchado. Atrás queda una labor bien hecha. Una docencia en la que ha sabido mostrar a o largo de los años, la belleza, el encanto, el amor que sentía por su profesión, por las asignaturas que impartía, Geografía, Historia, o su amada Historia del Arte, que tantas vocaciones ha suscitado. Algunos de los compañeros actuales de su Departamento lo son gracias a ella. En sus clases de Arte ha sabido emocionar a un alumnado que, probablemente, al comienzo del curso no si imaginaban siquiera que pudieran llegar a disfrutar tanto con unas clases, que ella sabía convertir en mágicas, en auténticos y fascinantes viajes al mundo de la belleza y del sentimiento, de la sensibilidad.
Los últimos años de docencia, los mejores sin duda, en los que ella ha alcanzado la plenitud, no sólo en la docencia, sino también y sobre todo, como persona, como mujer, su labor, su interés fundamental ha sido la lucha por la igualdad, la lucha por los derechos de las mujeres, la educación en valores y su combate sin cuartel al machismo imperante en los centros, propio de una sociedad patriarcal. Han sido años duros, difíciles, pero fructíferos. En su Centro, El I.E.S. Caballero Bonald, ahora después de años, se puede hablar sin tapujos de igualdad de género, de acoso, de violencia. Porque ella, con su esfuerzo y tenacidad, ha sabido abrir un camino, el de la igualdad, que ya es imposible de cerrar. Así, se lo han recordado todos y todas, compañeros y compañeras y todo el alumnado. Su lucha por la igualdad, su educación en valores, es una de las cuestiones por la que permanecerá en el recuerdo de muchas de las personas que han vivido estos años junto a ella.
Ahora, en estos días, cuando se acostumbre, cuando pueda asimilar todas las emociones, todo el cariño, todo el amor de tanta gente, podrá entrar en su cuarto propio. Podrá releer a su admirada Virginia Woolf. Pero es necesario que sepa que deja una huella, un espacio muy difícil de llenar.
Hasta siempre Loly 

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