«Donde se quiere a los libros, también se quiere a los hombres»

Sábado, 10 de junio de 2017   -    Juan Félix Bellido

«Donde se quiere a los libros, también se quiere a los hombres»

Lo decíamos la semana pasada.Es tiempo de ferias del libro. Ya están acabando algunas. Sin ir más lejos, la de Jerez acaba este fin de semana. Los calores aprietan y la gente, entre playa y libros, huye a la playa. Los libros han salido a la calle (en Jerez, concretamente, a los Claustros de Santo Domingo) para acercarlos al público lector, que vistas las cifras, en Jerez no son demasiados. El ¡Ay! de los libreros estaba en todas las bocas. Algunos se venden. Con dificultades, pero se venden. Una rápida encuesta te arroja este panorama: muchos curiosos, pocos compradores. Al menor, ahora no se queman, se ignoran ¡Ay los tiempos pasados, primero de quemas y luego de censuras! Hoy, están al alcance de todos. La censura es más sutil y viene por otro sitio. En mi libro, Historia de una llave, hacía un repaso por esa negra historia que nadie querrá que se repita. «Recuerdo que cuando comencé mi oficio de editor, en el Madrid de principios de los 70, aún teníamos que llevar unos días antes de su presentación y difusión, unos ejemplares del libro publicado a una oficina del Ministerio de Cultura. Se entendía que si en el plazo correspondiente no se recibía respuesta del Ministerio podía difundirse el libro. «Hoy, la censura se ejerce de manera más sutil. No se secuestran tiradas ni se sanciona un texto, ni siquiera –sólo en casos muy extremos- se sanciona el texto de un libro. Se ejerce de manera más fina pero con idéntica eficacia. Si navegas por tu cuenta, con un rumbo honesto e intelectual, pero no eres políticamente correcto, no encuentras editor y nadie te hace un encargo. Por lo que te quedas sin publicar, te quedas en los márgenes, y desde luego mueres de inanición. «¿Por qué darán tanto miedo los libros? «Aviso para navegantes. Los dos indudables, y con la misma firma, aunque desde dos perspectivas diferentes. El primero es una afirmación muy conocida de Heinrich Heine: «Allí donde se queman los libros, se acaba por quemar a los hombres». Más esperanzador este otro, del mismo autor: «Donde se quiere a los libros también se quiere a los hombres». Me quedo con esta última y quiero soñar que ha sido desterrada la primera. Unos días para demostrar nuestro amor a los libros y así fomentar la solidaridad con los hombres.

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