Se nos cae el tingrado

Domingo, 30 de abril de 2017   -    Juan Félix Bellido

Se nos cae el tingrado

Este tinglado se cae a pedazos. El barco de nuestro sistema político hace aguas por todas partes. Cuando no es Pepe es Juan y cuando no Luis. Diariamente se nos viene encima una tormenta que se lleva por delante a más de uno. Se trata de apuntalar el muro medio derrumbado para que aguante el edificio, los cafres disimulan, miran para otro lado, dan lecciones de honestidad hoy para tener que esconderse de vergüenza mañana y a uno se le abren las carnes cuando ve tanto chorizo emboscado llenándose la boca de grandes ideales democráticos. ¡Vaya semanita que llevamos! Da miedo acercarse a la tele porque echa chispas y no merece la pena llevarse un calambrazo. La alfombra se va levantando poco a poco y aparecen en ella los presuntos protagonistas embarrados y sucios. Y es como una maldita plaga que no deja títeres con cabeza. Y unos y otros, los contrincantes a los sillones del poder, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, para llevarse las manos a la cabeza en un ejercicio de cinismo meneando la sartén a ver si saltan los fritos por el aire. Y ahora se destapa la manta del presunto pasteleo entre los poderes del Estado por parte siempre de unos indecentes del poder político y la presunta colaboración del otros elementos del judicial para esconder lo intolerable debajo de la alfombra. Es la insufrible manera de cargarse de un plumazo la democracia auténtica, no el trampantojo que quiere hacernos creer que aquí todo marcha viento en popa. Cuando los poderes, los tres poderes que componen un estado de derecho trapichean, no estamos haciendo más que cargarnos la democracia, y todo porque unos chorizos ya cazados, algunos presuntos chorizos por cazar, y otras gentes que nos toman el pelo con grandilocuentes frases desde los escaños políticos, no terminan de saciares a nuestra costa. Conviene no olvidar la advertencia de Montesquieu: «Cuando los poderes legislativo y ejecutivo se hallan reunidos en una misma persona o corporación, entonces no hay libertad, porque es de temer que el monarca o el senado hagan leyes tiránicas para ejecutarlas del mismo modo.  «Así sucede también cuando el poder judicial no está separado del poder legislativo y del ejecutivo. Estando unido al primero, el imperio sobre la vida y la libertad de los ciudadanos sería arbitrario, por ser uno mismo el juez y el legislador y, estando unido al segundo, sería tiránico, por cuanto gozaría el juez de la fuerza misma que un agresor.  «En el Estado en que un hombre solo, o una sola corporación de próceres, o de nobles, o del pueblo administrase los tres poderes, y tuviese la facultad de hacer las leyes, de ejecutar las resoluciones públicas y de juzgar los crímenes y contiendas de los particulares, todo se perdería enteramente.». Aviso para navegantes: “todo se perdería enteramente”. Frenar este revoltijo presuntamente criminal y bastardo no es sólo un deber ciudadano, sino una necesidad vital para evitar que se nos vaya al traste el Estado de Derecho.

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