Domingo, 26 de marzo de 2017   -    Juan Ignacio López

Jesucristo Superstar… ¡Palabra de rock!

Ahora, en la Semana Santa, no puedo evitar rebuscar en mi discoteca particular una grabación que hizo historia. Su importancia es tal que, rebasados los cuarenta y siete años desde su salida al mercado, no ha dejado de sonar.

Pongo el acento ahora en la versión española de la ópera rock ‘Jesucristo Superstar’, la primera, la de 1974. Pertenece a esa colección que suelo denominar como Discoteca Básica (acordándome de los boletines de Discoplay).

La grabación es una joya. A día de hoy no somos pocos los que pensamos que supera a la de la película de 1973, en inglés. Pese a ello, los condicionantes de la época no eran pocos, teniendo en cuenta que, para los puristas, podía resultar chocante que el alcoyano Camilo Sesto fuera el intérprete principal (Jesús) de una obra de rock. Junto a él, la dominicana Ángela Carrasco (María Magdalena), por aquel entonces azafata de ‘Señoras y Señores’ (TVE), o Teddy Bautista (Judas), encabezaban un montaje que forma parte de la historia del rock en España. Le guste o no al personal.

Esta obra musical, su adaptación al español y, muy importante, su lanzamiento en disco (doble LP), posibilitó que cientos de jóvenes españoles formaran grupos de teatro. Su objetivo era tan descabellado como ilusionante: poner en escena ‘Jesucristo Superstar’. Para ello se servían de la banda sonora original editada por la discográfica Ariola y representaban la obra, sirviéndose del play back.



Hablar de aquellos tiernos momentos de sudor, maquillaje, vestuario y luces sicodélicas puede sonrojar a algunos, pero no hay que restarle mérito, ni mucho menos. Incluso quienes piensan que aquello era cosa de los ‘frikis’ de la época pueden llegar a valorar el entusiasmo y empeño con los que emprendían el proyecto. Tras meses de ensayos, y con los nervios propios de la representación a flor de piel, llegaba el día de la función. Se apagaban las luces del salón donde tuviera lugar el ‘bolo’ y comenzaba a sonar la música, previamente grabada en una cinta cassette de cromo para mayor calidad sonora.



En Jerez no faltaron estas pequeñas ‘compañías’, surgidas en su mayoría del colegio donde estudiaban, la asociación de vecinos de su barrio, o los grupos juveniles cristianos a los que pertenecían. Barbas postizas, compradas en la calle Algarve, en El Malagueño, túnicas de Semana Santa, sprays de colores para el pelo, maquillaje, atavíos con los que caracterizarse para la puesta en escena… Todo bien condimentado con altas dosis de nervios e ilusión por cantar y bailar, emulando a los artistas originales o incluso aportando un estilo propio.

La cartelería para anunciar la función era de lo más doméstica: por lo general el diseño se hacía a mano, a base de Rotring, plantillas de rotulación y mucho esmero, sobre un A3 de papel vegetal. Posteriormente la plantilla era fotocopiada, según permitiera la tesorería, y pegada con papel celo en tiendas, portales, pasillos de colegios e institutos o en la confitería más concurrida.

El día de la representación, los nervios se podían amasar entre todos y cada uno de los miembros del reparto, los técnicos de sonido y luces o decoradores. Los imprevistos no faltaban, a pesar de que la representación se hacía hiciera sol o tronase. Era la hora de demostrar que el esfuerzo había merecido la pena.

Uno de aquellos jóvenes de entonces, José Antonio Herrera, dirigió el grupo teatral juvenil ‘Pocos Medios’ , en 1984,, e interpretaba el papel de Jesús. Ensayaban en la antigua casa de la juventud ‘Cristo Vive’, en los Salesianos. Recuerda aquella experiencia de manera muy profunda y reflexiva, ahora desde la perspectiva de la madurez: “aquello era dar una respuesta espontánea a las inquietudes de todo adolescente... Tomar el control de nuestras acciones… Vivir el momento… Abrazar la verdadera amistad y situarnos desnudos a los pies de la divinidad... inventando nuestro propio sacramento”.

Para valorar la importancia histórica de ‘Jesus Christ Superstar’ y su repercusión social en diferentes ámbitos, muy especialmente en la modernización de algunos conceptos religiosos, cabe recordar la autoría musical de Andrew Lloyd Webber y de las letras de Tim Rice. Esta ópera rock fue primero un álbum conceptual, en 1970, y un año después llegó a Broadway. En el reparto, el mismísimo cantante y compositor de Deep Purple, Ian Gillan,, como Jesús, Murray Head en el papel de Judas e Yvonne Elliman, en el de María Magdalena.

Hoy, 43 años después desde que Camilo Sesto interpretara por vez primera el fascinante y desgarrador ‘Getsemaní’, en español, continúan brotando grupos de chavales o no tan jóvenes, impulsados por la misma magia. Por algo será…

 

(Clip de vídeo de la representación  en 2013, a cargo de un grupo formado en Salesianos Jerez. Cinco primeras escenas. Fotografías de la película de 1973, y de la producción española de 1974)

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