¿Quién da sentido al sentido?

Martes, 14 de marzo de 2017   -    Daniel Huertas-Portocarrero Gómez-Morán

¿Quién da sentido al sentido?

Viktor Frankl, psiquiatra judío superviviente de los campos nazis, consiguió escribir lo que veía y entendía en trocitos de papel que pudo conservar hasta su liberación. Vio que aquellos que perdían el sentido de su vida morían poco después. Se perdían por algún lugar de la mente y se entregaban al frío, al hambre o a las balas. Un hombre para quien la vida no tiene ya sentido es más vulnerable, pero no somos muy conscientes de ello. Sabemos, en cambio, que el ojo del amo engorda el caballo, que quien persigue lo consigue, y que quién se fue Sevilla perdió su silla. Está claro que cuidar de lo que nos importa es necesario, pero no somos conscientes de que cuidar de nuestra propia vida es no solo posible, sino también necesario. Hasta aquí todo parece evidente. Pero en el siguiente paso, el tema se complica seriamente; a saber: ¿qué es la vida y quienes somos nosotros? ¿Es la vida humana una singularidad o es una realidad cósmica y ubicua? Si queremos buscar quienes somos ¿debemos poner el acento en nuestra individualidad particular o por el contrario debemos priorizar aquello que tenemos en común? La cultura india, y tras ella gran parte de la filosofía oriental, no ha conocido la revolución del pensamiento que sucedió en Grecia, ni el Renacimiento, ni la Ilustración. No optaron (mayoritariamente) por una exaltación del individuo como realidad separada e independiente, sino que pensaron entorno a la antiquísima imagen de que “Somos olas del mismo océano”, y nos invitaron, no a ser ola, sino a ser realmente aquello que somos y no podemos nunca de dejar de ser, es decir el Océano. Podemos llamar a este concepto unitario de lo que somos Océano, Conciencia o Vida. Y podemos llamar a su verbo, a su alma, a aquello que lo conjuga, lo podemos llamar Sentido, Tao, Destino o Voluntad Divina. Cuando entendemos esto, aceptamos una metafísica tan obvia y necesaria como la ley de la gravedad Newtoniana. Habría, según este discurso, una metafísica profunda que da sentido a nuestra vida, y si dejáramos de visualizar este sentido, estaríamos en riesgo. 

Si aquí dejáramos las cosas, admitiríamos la necesidad de un horizonte metafísico para garantizar nuestra subsistencia, y propiciaríamos la construcción de sistemas religiosos, que desde esta altura hacia abajo, cubrieran de leyes morales a los ciudadanos. Pero no me voy a detener en esta solución cuyos resultados históricos todavía se debaten en los campos de batalla de Jerusalén.

La altura conceptual invita a la autocomplacencia y al sopor estúpido. Todavía podemos despertar más. ¿Quiénes somos, lo visto o el que ve? ¿Somos los conceptos Conciencia, Tao, Alma o aquel que entiende esos conceptos? Evidentemente, somos el que ve, pues ese permanece, como un testigo del acontecer. Ese nivel de la conciencia que nos permite ser testigos, incluso de nuestros propios estados de conciencia, es el que nos permite también, a usted y a mí, comunicar en estos momentos. Estamos ahora muy lejos del ego psicoanalítico, del yo biológico y biográfico. Nos hemos convertido en un observador no implicado, no codificado, no atrapado en el laberinto de nuestra pequeña psique particular. Cada cual es libre de decidir en dónde quiere buscarse a sí mismo: en la ola, o en el océano. En el laberinto psicológico autobiográfico, o en la conciencia de testigo. 

En Sánscrito, la conciencia de testigo recibe el nombre de Saksin. La particular sensación de liberación que podemos experimentar al permanecer en ella, recibe el nombre de Turiya. Y más allá de Turiya, está Turiyatita, en donde se puede llegar a entender, sin perder la cordura, que nada de lo podamos decir con palabras, es cierto. 

El primer versículo del Tao Te King dice así: 
El Tao verdadero no se puede nombrar, 
Y lo que se nombra, no es el Tao verdadero 

"El Dr. Daniel Huertas-Portocarrero Gómez-Morán es Licenciado en Medicina y Cirugía (Sobresaliente - Universidad Autónoma de Barcelona - 1975), especialista en Psiquiatría (1979), especialista en Oncología Médica (1984), Doctor en Medicina y Cirugía - Farmacología Clínica - (Sobresaliente Cum Laude – Universidad Autónoma de Barcelona - 1982), Máster en Bioestadística (Université de Paris 6 - 1981) y diplomado en Medicina Tradicional China (Association Française d´Acupuncture, 1982-85). Se formó en Barcelona y en Paris. Ha ejercido en el Hospital de Sant Pau de Barcelona y en el Hospital Universitari de Bellvitge de Barcelona (Médico Interno y Residente). Ha sido Jefe Clínico del Institut Gustave Roussy (Villejuif- Paris – Francia) y Jefe de Servicio del Hospital de Sant Llatzer de Terrassa.   En la actualidad atiende pacientes de psiquiatría (adultos, niños y jóvenes) en su consulta privada en Jerez de la Frontera y por videoconferencia.   Su campo de interés se extiende, en los últimos doce años, a  las aportaciones de la filosofía sapiencial, y en especial de la filosofía profunda india, china y japonesa, a la práctica de la psiquiatría y de la psicología. Habla y atiende pacientes en castellano, inglés, francés, catalán e italiano." 

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