Mujer

Martes, 7 de marzo de 2017   -    Juan Félix Bellido

Mujer

Es ya tradicional, y desde luego una de las conquistas más visibles del feminismo,  la celebración del día de la Mujer en el mes de marzo. En prácticamente todas las localidades españolas se celebran en este mes de antesala de la primavera, las Semanas de la Mujer, en la que se recuerda y se valora la poco considerada, hasta tiempos modernos, igualdad de género y se revindica el significativo –no hay motivo para negarlo- papel de la mujer en la sociedad. Las costumbres han cambiado, las leyes lo han hecho, la incorporación de la mujer a la vida pública, a los puestos directivos, su participación en la cultura, en la vida docente y, desde luego, su primacía en número y en calidad en el ámbito  universitario es una realidad La sociedad española del siglo XXI ha cambiado radicalmente en este sentido, aunque aún, en la mentalidad de muchos, anquilosados esquemas se atrincheran sin razón y sin futuro. Volvemos a seguir haciendo oídos sordos al parecer de los sabios, a la rotunda realidad de los hechos. Queda un camino aún por recorrer y debemos seguir hollándolo con decisión. Y esto da razón a las celebraciones reiterativas que se repiten durante el mes de marzo. La conquista de una igualdad cada vez más efectiva ha de continuarse. Y en eso estamos.  

Meditaba sobre estos temas cunando acudió a mi memoria el momento en que leí por vez primera un texto antiguo de un cordobés universal. Lo que después se convertiría en uno de los principales elementos del feminismo moderno, y del sentido común.     Averroes, Ibn Rush, nace en Córdoba el año 1126 y muere en 1198, y es una de las cimas del pensamiento andalusí y, desde luego, de todo el pensamiento hispano medieval. En su Comentario a la República, de Platón escribe: “Aquí se plantea un problema que debe ser investigado acerca de si existen mujeres cuyas naturalezas se asemejan a las de cada una de las clases de ciudadanos... o si la naturaleza de las mujeres es diferente de la de los varones. Si fuera de aquel otro modo, y desde el punto de vista de las actividades de la comunidad, la mujer debería gozar de la misma situación que el varón en este orden de cosas y así podrían ser guerreros, filósofos, jefes, etc. Si la naturaleza del varón y de la mujer es la misma y toda constitución que es de un mismo tipo debe dirigirse a una concreta actividad social, resulta evidente que en dicha sociedad la mujer debe realizar las mismas labores que el varón... Cuando algunas mujeres han sido muy bien educadas y poseían disposiciones sobresalientes, no ha resultado imposible que lleguen a ser filósofos y gobernantes. Pero se cree que pocas veces se da este tipo en ellas, y algunas leyes religiosas impiden que las mujeres puedan acceder al sacerdocio; otras, por el contrario, si reconocen que pueda existir, pero lo prohíben.          

“Sin embargo en estas sociedades nuestras se desconocen las habilidades de las mujeres, porque en ellas sólo se utilizan para la procreación, estando por tanto destinadas al servicio de sus maridos y relegadas al cuidado de la procreación, educación y crianza. Pero esto inutiliza sus otras posibles actividades. Como en dichas comunidades las mujeres no se preparan para ninguna de las virtudes humanas, sucede que muchas veces se asemejan a las plantas..., representando una carga para los hombres, lo cual es una de las razones de la pobreza de dichas comunidades, en las que llegan a duplicar en número a los varones, mientras que al mismo tiempo y en tanto carecen de formación no contribuyen a ninguna otra de las actividades necesarias...”. Una igualdad de naturaleza, una igualdad real, que debe traducirse cada vez más a la vida social, laboral, efectiva en todos los campos. Camino se ha andado desde entonces, pero este mes de marzo debe servir para recordar que tenemos que seguir caminando por esa misma senda. El sabio andalusí, siglos después, nos sirve para seguir revindicando, lo que debe ser un hecho. 8 de marzo, día de la mujer, trabajadora, emprendedora y empresaria. Si, además se reconociera efectivamente que a igual preparación, igual trabajo, igual capacidad, mismo sueldo, ya habríamos dado otro paso de gigantes, y así nos evitaríamos escuchar algunas chorradas.    

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