Pensiones

Domingo, 19 de febrero de 2017   -    Antonio Aguayo

Pensiones

Esta semana se ha hablado mucho de pensiones, de la imposibilidad de seguir manteniendo el sistema actual y de cómo la pensiones no pueden estar garantizadas en un futuro más o menos inmediato. En este sentido han hablado dos ex presidentes del gobierno. Uno, del partido conservador, y ex presidente honorario del mismo partido, cargo del que recientemente ha dimitido de forma airada, con aire de estar siempre en posesión de la verdad absoluta, y con gesto de cabreo sempiterno. El otro ex presidente, el jarrón chino, de distinto partido, pero la misma ideología, que contribuyó decisivamente a que su partido dejara de ser socialista, y serio candidato a ocupar el puesto de presidente honorario al que ha renunciado su colega y amigo. Ambos, al unísono, han mostrado la misma opinión: El que diga que puede garantizar el actual sistema de pensiones, miente.
Ante una aseveración tan rotunda creo que es necesario que todos reflexionemos un poco ante un hecho evidente. Las pensiones que se cobran son proporcionales al tiempo trabajado y a las cotizaciones que cada uno ha venido realizando a lo largo de su vida de trabajo, con el fin, precisamente, de poder tener una pensión. Lo diré de otra manera. El dinero que se está pagando como pensión a cada uno de nosotros, es nuestro, lo hemos generado nosotros, hemos pagado unos impuestos para poder tener ahora una pensión, a lo que se suma, que ahora, cuando se cobra la pensión, de nuevo se vuelve a cotizar por ese dinero, que ya se había cotizado en su momento.
Las pensiones son nuestras, de cada uno de nosotros que hemos cotizado por ellas, y que hemos confiado en el Estado para que, una vez que hayamos llegado a la  edad de la jubilación, poder disponer de lo que es nuestro, de lo que nos hemos ganado. El Estado no nos da nada. Sólo es el depositario de los que nos pertenece. Si en el momento de devolvérnoslo no lo tiene, habrá que pedirle responsabilidades por ello.
Lo más importante que hay que preguntarse es por qué no lo tiene, por qué es que se ha vaciado una hucha que todos y todas hemos ido llenando con nuestro dinero, y que en el plazo de cuatro años un gobierno ha dejado a cero. Habrá que saber por qué se ha cambiado el sistema de contratación, por qué los contratos indefinidos se han convertido en temporales, por qué el dinero que generaban los trabajadores en activo ha descendido. Y también habrá que preguntarse a quien favorece esa reforma laboral, porque es evidente que a la mayoría de la población, no. Si se gobierna mal, a sabiendas de que no se está haciendo lo correcto, si se gobierna en beneficio de unos pocos, si se está dando un trato de favor a unas determinadas empresas, sociedades o personas, eso recibe un nombre muy claro: prevaricación. Y como tal debería de dar cuenta ante la justicia.
Creo que fue en Islandia, donde se juzgó a un  presidente de gobierno por haber gobernado mal a sabiendas de que lo estaba haciendo de manera incorrecta.
Ya se que la justicia no es igual para todos. Tenemos casos recientes que no dejan lugar a dudas, pero hay cosas que no pueden dejarse pasar, como es el dejar en la ruina a toda una generación de trabajadores y trabajadoras que, cumpliendo con sus obligaciones, pagando sus impuestos, han contribuido a mantener un estado del bienestar, que tanto nos ha costado conseguir, y que en el plazo de unos pocos años, el gobierno de un determinado partido político, se ha ocupado, con el beneplácito del resto de partidos, que han hecho oídos sordos, lo ha conseguido desmantelar.
Creo que si se consuma lo que los dichos ex presidentes auguran como inevitable, debería ser juzgados los miembros de los gobiernos que lo han hecho posible, en primer lugar por prevaricación, y después por malversación de caudales públicos.
Es nuestro futuro y el de nuestros hijos e hijas lo que nos estamos jugando. No podemos permanecer callados.

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