Homenaje a la literatura picaresca

José Luis Marijuán y El pícaro comediante.

Jueves, 16 de febrero de 2017   -    Luis Galindo

Homenaje a la literatura picaresca

La novela picaresca fue un género muy apreciado siglos atrás. El Lazarillo de Tormes fue uno de los grandes exponentes de este género literario narrativo. Y, aunque hoy en día son prácticamente mirlos blancos, siempre es interesante y apasionante encontrarse con títulos como El pícaro comediante (Alfar), una novela de José Luis Marijuán que, como el propio subtítulo de la obra indica, relata las aventuras y desventuras de un pícaro español por estos mundos de Dios. 

Julián, el menor de una familia de doce hermanas, es el pícaro en cuestión. Ingenioso y revoltoso desde sus tiempos escolares, el protagonista de la novela va demostrando a lo largo de las páginas de los libros sus credenciales de pícaro a lo grande. A pesar de no estar cerca de las buenas formas y la mejor ética, este singular personaje es de los que se acaba ganando el cariño del lector. 

Y todo a pesar de ser un auténtico vividor al que no le tiembla el pulso cuando tiene que engañar, robar o hacer cualquier cosa en su lucha por sobrevivir. Pero Julián, en el fondo, es de los que tiene buen corazón. 

La España rural de antaño es la que sirve de escenario para las aventuras de este pícaro que provocará varios momentos de risa en el lector. El pícaro comediante es, sin lugar a dudas, un buen homenaje a la literatura picaresca del Siglo de Oro español.  

“Cuando llegó el momento de la despedida, cuatro copas de licor después, cuando estaba más suelto que un corral sin cerca y aprovechando que cogía su brazo, lasa por la cintura y… detalles ya sin importancia. Lo que viene después es menos romántico. Cuando acabamos la tarea de vestirnos al revés, me encontré que el cuerpo de la dama no hallábase en consonancia con la belleza de su rostro y la suavidad de sus maneras. Mi código de honor impide que pueda relatar abiertamente lo que allí encontré pero sírvase saber que la exquisita dama tenía por cuerpo una bota de pellejo y por pechos un libro abierto de escasas hojas… pero no aportaré más pormenores”. 

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