Repudio de la insensatez

Lunes, 6 de febrero de 2017   -    Juan Félix Bellido

Repudio de la insensatez

Ha dejado de llover y salgo a la calle como sale el caracol a pasear por los prados nada más ver aparecer los primeros rayos del sol. Estábamos muriéndonos de frío hace unos días, llegan un par de gotas para darnos consuelo y no sabemos hoy si hace frío, calor a ratos, nublado o de cielos tersos y generosos. Aquí no hay quien entienda al clima. Y si salgo es para despejar la cabeza, que no deja de darme vueltas y cargarme de preguntas. Y caminando por las calles de Jerez, rescato algún que otro recuerdo que ha traído a mi cabeza una rotunda frase de Sonia Arnaiz en una entrevista que le hace lavozdelsur.es. Y es que seguimos instalado en la mezquindad y en el miserable disimulo. Y Sonia lo revela con valentía. Me produce tristeza comprobarlo. Lo vivió y lo padeció. Y tal cual lo cuenta. Y yo me pregunto si es así como queremos alcanzar la competitividad, la excelencia, los primeros puestos del informe PISA, la calidad profesional, y avanzar en un mundo donde domina el cuento y el trampantojo; el mundo de las apariencias, de los trepas, que ni siquiera tienen sólidas escaleras para trepar, y de tanto iletrado que se las da de listo. La mediocridad campa por sus respetos y en lo que los mezquinos emplean sus fuerzas es en querer crearle complejos al que ha estudiado, se ha sacrificado y se ha esforzado. Los declaran “apestosos” y así nadie les hace sombra. Vuelve a mi mente la frase de Sonia. La rememoro en mi cabeza. La acabo de leer en el digital. Recuerda sus momentos de estudio, sus esfuerzos en busca de un trabajo y se encuentra con una situación como ésta. Le aconsejan con la mejor intención –que es como decirle que su esfuerzo no ha servido de nada- algo que me espanta: “No te quiere nadie y mucha gente me decía que quitara cosas del currículum. Pero yo, que he estado durmiendo cuatro horas en una cama llena de libros, y que trabajaba por la mañana, comía con mis hijos y luego iba por la tarde a la facultad, ¿voy a quitarlo con lo que me costó?”. O sea, que tener un buen currículo es un obstáculo, un impedimento para encontrar trabajo. Que cuanto más ignorante y más tonto seas, mejor. ¿Y así queremos que este pueblo avance? La envidia cochina machacando desde las esquinas oscuras de la inutilidad, no vaya a ser que alguien nos adelante en la próxima curva y nos quedemos con las vergüenzas al aire. Chapeau, Sonia!

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