Una caja de recuerdos y nostalgia con forma de libro

Jueves, 17 de noviembre de 2016   -    J. Berto

Una caja de recuerdos y nostalgia con forma de libro

Para los que caminamos por la vida por el tren mecánico de la nostalgia, para los que amamos ver nuestros recuerdos en Cinexin y para los que coleccionamos cromos de nuestros momentos pasados. Tanto si eres de Geyperman como si prefieres a las muñecas de Famosa, no te puedes perder un viaje al pasado a través de un libro que te provocará grandes emociones. Aquellos maravillosos kioscos es el título de una auténtica caja de recuerdos. Un libro obra de Juan Pedro Ferrer y Miguel Fernández Martínez que no podía faltar en nuestro especial sobre libros de otras generaciones

En esta obra editada por Edaf encontraremos, tal y como se apunta en el prólogo Herme Alcázar (fundador y administrador de Yo también lo tuve), "narraciones basadas en hechos reales" y "quizás reconozcas una parte de tu financia, o puede que te sientas identificado con algunos de estos recuerdos de niñez, de una historia que transcurre a lo largo de aquellos años en los que el plástico irrumpió con fuerza como materia prima de las baratijas que se ponían a la venta en los kioskos, durante las décadas de los 60 y 70, e incluso parte de los años 80". 

Aquellos niños que crecimos en las referidas décadas disfrutaremos de esta golosina con forma de libro. Volveremos al kiosko de nuestra infancia para recordar aquellos juguetitos y chucherías que pedíamos insistentemente a nuestros padres. Silbatos, canicas, soldaditos de plomo y aviones rellenos de bolitas de anises de colores... Si probaste alguna vez suerte con aquellos sobres sorpresa de antaño o disfrutabas de lo lindo con los recortables de entonces, no podrás dejar de leer Aquellos maravillosos kioscos

Aventuras infantiles y horas infinitas de juego a un precio que iba desde la peseta hasta el duro (cinco de las queridas y añoradas rubias monedas). "Para poder jugar con todo ese maravilloso material, había que pagar un tributo: Aguantar al chaval y hacerle caso en todo lo que se le antojase. ¡Menudo rollo! Pero a veces me dejaba a mi aire y podía disfrutar de sus juguetes un rato libremente". 

Entre fuertes, castillos y cómics fue pasando nuestra infancia hasta llegar aquí. Y ahora nos quedan esos recuerdos que de manera tan amena y emotiva nos presenta este libro para toda la vida. Mientras que intentamos bailar el trompo y tratamos de subir el yoyó, un dardo de aquellos que no gustaban a nuestras madres está a punto de despertarnos del sueño el día antes de nuestra Primera Comunión. Todo parece tan real... Ilustrado maravillosamente, el libro nos llevará junto a Mariano, Miguelín y compañía por los juegos del ayer para volver a sentir lo que fuimos. El relato convive a la perfección con las imágenes en una clara invitación a volver a casa, como en el anuncio, por Navidad. 

"Mientras contemplaba en la tele un paisaje nevado, pensaba para mis adentros que, definitivamente, estábamos en Navidad, Y me preguntaba en voz alta, dirigiéndome al televisor -cosa que hacía frecuentemente- cómo sería eso de la nieve. En aquellos años muchos de los niños de la provincia jamás habíamos visto tal cosa, salvo en televisión o fotografía". 

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