Las apariencias casi siempre engañan

Jueves, 20 de octubre de 2016   -    Natalia Huel

Las apariencias casi siempre engañan

No existen las familias perfectas y Una buena chica (Harper Collins) es una prueba de ello. Eve, Colin y Gabe son las que llevan las voces narrativa en esta historia contada a tres bandas. Cada uno de los personajes nos situará en su lado de la historia y tendremos que sacar nuestras propias conclusiones de la visión de cada uno de ellos. Eve es la madre de Mia, una introvertida joven que es secuestrada por Colin. Gabe, por su parte, es la persona que lleva las riendas de la investigación. 

Este thriller supone el notable estreno literario de Mary Kubica, una autora que consigue mantener el suspense de la historia a pesar de contar pronto qué es lo que pasa con Mia. El relato está ambientado temporalmente en el antes, el durante y el después del secuestro. 

Aunque inicialmente pueda parecer una novela más sobre el secuestro de una chica incomprendida y su posterior investigación, Una buena chica acabará sorprendiendo al lector por sus giros y un desenlace totalmente inesperado. Las apariencias casi siempre engañan. Ninguna familia suele ser lo que aparenta y lo mismo suele pasar en muchas ocasiones con libros que piensas que te van a conducir por un camino y que al final te acaban llevando por una travesía diferente que, en este caso, hay que valorar positivamente. 

Un drama con grandes consecuencias psicológicas que está escrito de manera fresca y ágil. Pequeños capítulos, tres voces que hacen que entrenemos y salgamos rápidamente de diferentes visiones y escenas, unos personajes bien orquestados y gran capacidad de la autora a la hora de mantener un ritmo narrativo que logra mantener la tensión y el misterio hasta el final. 

 

“La doctora manda a buscar a James y concede unos minutos a Mia para que se vista antes de que la enfermera lo haga entrar. Mientras esperamos, le pregunto a Mia si puedo ver la ecografía. Me la alcanza. Su voz apagada sigue repitiendo: ‘no puede ser’. Es entonces, al coger la fotografía y posar los ojos en mi nieto, sangre de mi sangre, cuando empiezo a llorar de verdad. Cuando entrar James, mi llanto se convierte en un gemido. Intento contener las lágrimas pero no puedo. Saco toallas de papel de un expendedor que hay en la pared y me seco los ojos. Cuando vuelve la doctora Wakhrukov, no puedo contenerme más y gimo: -Te violó. Ese canalla te violó-. Pero Mia sigue sin sentir nada”. 
 

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